"Mi flamenco es honesto aunque, en su día, me pusieran de traidor y de todo"

  • El cantaor sevillano se acercó ayer a 'Diario de Cádiz' para chatear con los internautas y para desgranar los secretos de su trigésimo quinto disco, que baña de jondura las creaciones de García Márquez

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Mira de frente, horizontal al suelo y al cielo. Cristalino, claro, natural, Juan Peña El Lebrijano limpia de impurezas su cante y su palabra. Cincuenta años de camino en la pedregosa senda flamenca y una salud que va aflorando tras "el susto tan grande" que se llevó hace unos meses por una úlcera en el colon, recuerda, le hacen ver la vida "de otra forma". Una nueva manera con la que se bebe el mundo. Éste y más allá de Macondo. Así, el maestro coquetea de nuevo con la literatura, y en esta ocasión, para pagar una deuda. Cuando El Lebrijano canta se moja el agua, le dijo en el año 94 el Nobel Gabriel García Márquez. El piropo se ha convertido en el título del trigésimo quinto disco del cantaor y la prosa del escritor, en su contenido.

Mira de frente. A través de la ventana se ve el mar. El Lebrijano está contento. Está en Cádiz. Acude a la redacción de este periódico para chatear con los internautas. Pero también tiene un hueco para desvelar los secretos de su nuevo trabajo.

-Qué cosa más bonita: "Cuando El Lebrijano canta se moja el agua"

-Y más viniendo de quien vino, ¿no crees?. Yo conocí a Gabriel en el año 86 y ya me había dicho que le gustaba mucho mi cante y cuando coincidíamos en Sevilla, después de cantar, me llamaba a su lado y charlábamos. Pero aquel día -eso fue en el 94- después de la actuación me pasaron un folio con esa frase escrita. Yo me quedé como atontado y paralizado. He tardado en contestar pero ahí va mi agradecimiento

-¿Sabe si lo ha escuchado?

-Se lo mandé hace muy poquito. Y aún no sé nada. De todas formas lo vi en la Feria del Libro de Guadalajara, entonces estábamos preparando esto y se lo comenté. Fue muy agradecido y generoso. Es más, nos ha cedido el 50 por ciento de los derechos.

-Lorca, Juan Ramón, Félix Grande, Caballero Bonald... La tarea de bañar de jondo la literatura no es nueva para usted pero sí es la primera vez que se enfrenta a la prosa, ¿cómo resultó ese diálogo?

-Pues así: yo cogía un texto, lo leía y decía "no puedo, no puedo" (ríe). Ha sido muy complicado. Yo conocía la obra del maestro pero preferimos que el poeta Casto Márquez, con el que yo había colaborado, hiciera la adaptación y selección de los textos. Me presentó diez temas y me parecieron perfectos. Luego, eso, trabajé mucho y, la verdad, me ayudó mucho mi experiencia con la música árabe pues ellos miden los ritmos y los versos de manera diferente y me acordé de esa medida para adaptar la prosa.

-Fragmentos de 'Cien años de soledad', 'El coronel no tiene quien le escriba' y 'La cándida Eréndida...', entre otras obras, están en el disco ¿Se queda con algún tema en especial?

-Todos son preciosos pero me emociono mucho con El coronel no tiene quien le escriba, Isabel viendo llover en Macondo o El rastro de tu sangre en la nieve.

-Creo que el concepto de "encuentro" es fundamental en toda su carrera. Encuentro con otras culturas, con la literatura, con la historia (por los siglos quedará Persecución) ¿Cuál es el secreto?

-La honestidad. Mi flamenco es honesto y eso que en su día me pusieran de traidor y de todo, o me vetaran en algunos sitios, sobre todo por ese encuentro que dices con otras culturas, con la música árabe y andalusí. Pero yo estoy muy contento porque sin honestidad no hay nada.

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