La 'fiebre Madonna' se propaga por las calles de la capital hispalense

  • La salida a la venta de las entradas provoca largas colas · En apenas seis horas se venden más de 21.000 localidades

Cuando Esther, apenas una niña, se hizo admiradora de Madonna gracias a la insistencia con la que su hermana mayor le ponía los discos de la cantante, no podía intuir que, años después, tendría en sus manos la primera entrada puesta a la venta para un concierto de la intérprete en Sevilla. La joven, eso sí, se convertía en protagonista de esa situación irreal tras un largo esfuerzo: catorce horas de espera, desde las ocho de la tarde de la víspera, ante uno de los establecimientos donde salían a la venta las localidades.

La primera visita de Madonna a Sevilla, con el concierto que ofrecerá en el Estadio de la Cartuja el 16 de septiembre, generó ayer, cuando salían las localidades a la venta, la expectación que se preveía. En sólo seis horas, la actuación de la vocalista lograba vender más de 21.300 entradas y agotar el papel relativo a la front barricade area y los palcos vip.

En la puerta de la Fnac, a primera hora de la mañana de ayer, la presencia de esterillas y los sacos de dormir delataba a la legión de admiradores que ha decidido pasar la noche a la intemperie. En la cabeza de la cola, Santi y Dora han descubierto que son vecinos: en la conversación para matar el tiempo se han dado cuenta de que ambos residen en Triana. Santi es de los que todavía tiene que desprenderse una sombra de incredulidad en la expresión. Como tantos otros, cuando se enteró de la noticia, pensó que era "un bulo, un error". A Dora, que ejerce de trianera pero procede en realidad de Perú, se le agrandan los ojos cuando recuerda un concierto de Madonna hace siete años. Ahora, asegura confiada -sólo hay tres personas ante ella-, volverá a repetir la experiencia.

Un grupo de Dos Hermanas que afirma "haber cantado a Madonna en andaluz" reinventa el Confessions on a dance floor y se marca unas confesiones sobre el suelo de las calles. Uno de los integrantes de la pandilla dice haber tenido que esquivar alguna cucaracha en la madrugada, otro que han combatido el tedio "criticando a los de delante".

Yolanda, de Camas, había adquirido entradas para el espectáculo de Lisboa, el domingo 14, pero no parece traumatizada por un nuevo desembolso económico. Ya tiene planificada su agenda para esos días. "El lunes me vuelvo de Portugal y descanso, y el martes a las nueve de la mañana me pongo de nuevo en una cola", mantiene con una sonrisa de ilusión.

Quienes andan algo más desencantados son Luciano y Daniel, que se encuentran al final de la cola, una larga hilera que se prolonga hasta la calle García de Vinuesa. "Íbamos a venir a las siete de la mañana, pero nos dijimos: Tanta gente no va a haber en Sevilla que quiera ver a Madonna...Y parece que nos equivocamos", admite uno de ellos mientras se encoge de hombros con resignación y añade una defensa inesperada de Spanish Lesson, sin duda el tema más denostado del último álbum de la diva, Hard Candy.

Que hay pasiones inexplicables lo demuestra José Luis, de El Viso: nunca ha visto a Madonna en un escenario más allá de los soportes del DVD y el Youtube, pero tras ese contacto piensa que "ella es lo máximo". Sin embargo, quizás por la inexperiencia ante las preguntas, vacila cuando le preguntan cuál es el rasgo de la cantante que le parece más atractivo. "Su sombrero", declara ante un periodista que frunce el ceño.

Pese a que en la Fnac y en Urende se han formado largas colas, el público parece desconocer que las entradas se expenden también en La Teatral, el veterano comercio de la calle Velázquez. Falta una hora para que abran las tiendas y tan sólo una decena de personas aguarda, serena, para hacerse con su localidad. Unas horas más tarde, sin embargo, el rumor se ha extendido: la multitud que se agolpa confirma que la fiebre por Madonna se ha propagado, ya irremisiblemente, por las arterias de la ciudad. Alguien, inmerso en el jaleo, apunta incluso que ya no será tan dura la vuelta de las vacaciones en septiembre.

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