La festiva condición de la pintura

Susana Díaz de Vivar. Galería Benot. Cádiz

Fali Benot es, probablemente, el único galerista del mundo que al que se le ocurre traer hasta la capital gaditana una artista desconocida, con apellido medieval ilustre, nacida en Cádiz y habitante argentina. Fali es así, y si en su día inauguró una exposición de un artista ruso que iba vestido de cosaco -sin ser domingo de carnaval- puede hacer cualquier cosa. Aquello, afortunadamente, fue motivo de ese feliz anecdotario existencial que es el propio Fali Benot, lo que se presenta, ahora, tiene otro aire con mucha más envergadura artística.

Díaz de Vivar es una gaditana, vecina de la ciudad argentina de Corrientes, que es tanto como decir una beduina lejana del centro de Cádiz. Su pintura, en fondo y forma, se aleja de lo habitual, está muy a contracorriente de los discursos artísticos al uso y esto no es, ni mucho menos, malo. Todo lo contrario, su obra aporta frescura a los encorsetados ambientes de un arte con demasiadas pamplinas desvirtuantes. La pintora, que firma como Gato Frías, se enfrasca en un universo de felices ingenuidades, de pequeños retazos de existencia compuestos con la armonía y la gracia de lo sencillo, con un justo desarrollo pictórico -no necesita más- que genera unos paisajes de festiva conformación, exquisito planteamiento visual y buen tino compositivo.

El arte naïf, que surge con una poderosa carga de ingenuidad, con lo natural, fresco y espontáneo marcando las rutas pictóricas, se ha confundido muchas veces con un arte pobre. Sin embargo, lo naïf es una dimensión mucho más compleja, donde existe una consideración especial que estructura nuevas y poderosas ofertas compositivas. De esta manera, la pintura de Susana Díaz de Vivar nos conduce por la sutileza de lo sencillo, por los esquemas de una simple estructura pictórica que recrea una realidad sin excesivas complicaciones. Unos paisajes llenos de vida, trasunto de una sociedad sin complejos y festiva donde lo cercano adquiere una nueva, mínima y diferente, posición.

Paisaje que recuerda la naturaleza vivificadora de aquel Rousseau, el Aduanero que abrió puertas y quitó trascendencia a una realidad artística demasiado encorsetada.

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