Actividades paralelas

El exilio republicano en Francia desde los dos lados de la frontera

  • El ciclo Exilios de ida y vuelta llegó ayer a su fin con una constructiva mesa redonda donde asociaciones, exiliados como Pepe Mena y realizadores pusieron en común sus experiencas

El realizador Abel Moreno, el exconcejal Pepe Mena, el historiador Santiago Moreno y Domingo Fernández, de Iris. El realizador Abel Moreno, el exconcejal Pepe Mena, el historiador Santiago Moreno y Domingo Fernández, de Iris.

El realizador Abel Moreno, el exconcejal Pepe Mena, el historiador Santiago Moreno y Domingo Fernández, de Iris. / fito carreto

"Aunque sea un tópico -recuerda Abel Moreno- no deja de ser cierto que los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetir los mismos errores del pasado". Por eso el director del documental Fugir de L´Oblit, una de las películas que se pudo ver en el ciclo Exilios de ida y vuelta en la 49 edición de Alcances, no puede dejar de acordarse, como también lo hace el histórico comunista gaditano Pepe Mena, de los refugiados sirios a los que Europa da la espalda e invisibiliza, o del "estado policial" que se ha instaurado en estos días en Cataluña "a un paso del estado militar", que no es de recibo "aunque no se esté de acuerdo completamente del todo, como yo, con ninguna de las posturas", refiere. Y es que hablar de memoria, al final, es también hablar de presente y, más importante, de futuro. Porque sin memoria no hay porvenir posible. Lo dicen Diego y Erik Fernández, representantes de dos asociaciones memorialistas francesas, lo dice José Luis Gutiérrez de la Plataforma por la Memoria gaditana y lo piensan cada uno de los asistentes, que se cuentan en buen número, a la mesa redonda que se celebró ayer en el Centro Integral de la Mujer para hablar del exilio republicano en Francia dentro del ciclo que concluyó ayer.

Una mesa constructiva, diversa y ordenada, como deben ser las ideas. Un mesa, moderada por el historiador Santiago Moreno, donde experiencias personales se maridaban con el convulso contexto histórico del 36 al 39 -y el terror que puso sus zarpas sobre este país después durante 40 años- y donde se viaja del pasado al presente de la actividad memorialista en nuestros días dando cuenta de los principales retos a los que se enfrentan las asociaciones.

Experiencias de uno y otro lado de la frontera con el país vecino, abierta entonces a recibir a los refugiados españoles que llegaron a construir "una comunidad española bastante sólida" en el sureste de Francia pero con sus sombras en zonas como la Bretaña francesa "donde llegaron pocos españoles" creándose un ambiente tenso con tintes "xenófobos" tal y como relata Erik Fernández, copresidente de la asociación de Burdos ¡Ay Carmela! y nieto tanto de un exiliado republicano que llegó a este inhóspito ambiente como de un comandante republicano al que enviaron a un campo de concentración donde murió y que fue enterrado en una fosa común.

Desde 2003 Erik no sólo lucha por restituir la memoria arrebatada de su abuelo, cuyo cuerpo fue exhumado en 2010, sino también "por la de otros tantos abuelos" y por "ir más allá de la recuperación de los cuerpos" en pro de la reparación y del mantenimiento de los valores libertarios de los republicanos españoles que llegaron a Francia como inspiración para las nuevas generaciones.

LLama que sigue prendiendo con igual brío en el cuerpo de 88 años de Pepe Mena, símbolo de estos valores en la provincia de Cádiz, luchador incansable dentro y fuera de las fronteras de este país, exiliado primero en Alemania y después en Francia, uno de los dos primeros concejales comunistas del Ayuntamiento de Cádiz una vez instaurada la Democracia y un hombre marcado por el horror desde niño. De todo dio buena cuenta.

"Yo he leído que el cerebro de los niños es como la cera, se calca todo ahí". En el de Mena está impreso el sonido de los disparos en los fosos de Puertatierra de los asesinos que mataban "a trabajadores, a comunistas, a libertarios, y a gente que no pensaba como ellos"; está la imagen de su padre dando puñetazos y pisotones al suelo para mitigar el impacto del ruido de la barbarie; está el sabor de la almohada en su boca con la que sus familiares intentaban acallar su histeria ("¡que vienen a por mi abuelo!, ¡que vienen a por mi tío!") y está el color de la sangre derramada en aquel carro tirado por mulos y del que los sublevados sacaban "como sacos de patatas" los cuerpos de los hombres. "No mires, no mires Pepe, decía mi padre. Pero yo al final miré y me dijo, mira, sí mira, y no lo olvides nunca, ese es el fascismo, no lo olvides en tu vida".

Tampoco olvida Domingo Fernández, hijo de refugiado español en Toulouse donde "un 10% de la población" llegó a estar compuesta por exiliados españoles en el 39. No olvida, ni quiere que los demás olviden "la aportación cultural, social y de ideas" que llevaron los republicanos españoles a Francia. Con este objetivo trabaja en la asociación Iris también muy en contacto con otras asociaciones memorialistas españolas.

Asociaciones que se topan de frente con el desinterés político porque, como recuerda Gutiérrez Molina, "no hay agrupación política y sindical en este país que haya afrontado de verdad una política por la dignificación de la memoria". Dignidad perdida. No la de los muertos, "porque ellos murieron con dignidad", "hablo de la nuestra, que llevamos 40 años de democracia permitiendo el olvido".

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