La terna se estrella ante una mansada de Juan Pedro Domecq

  • Juan José Padilla y El Juli no pudieron pasar de las peticiones de oreja y Alejandro Talavante pierde un trofeo con el tercero de la tarde al fallar con el estoque

Ganadería. Seis toros de Juan Pedro Domecq mansones, desrazados y parados. Desiguales de presencia -boyal el quinto y muy justitos cuarto y sexto- fueron noblotes en general. Sirvió más el tercero que fue aplaudido en el arrastre, un toro con rajada movilidad, y tuvo genio el bronquito quinto. Varios recibieron pitos. TOREROS: Juan José Padilla, que sustituía a Cayetano con un terno grana y oro, estocada corta baja (SALUDOS) y casi entera (SALUDOS TRAS PETICIÓN). El Juli, de marino y oro, estocada (OVACIÓN) y estocada y descabello (OVACIÓN TRAS PETICIÓN). Alejandro Talavante, de celeste y oro, tres pinchazos y estocada (SALUDOS) y estocada atravesada y cuatro descabellos (PALMAS DE DESPEDIDA). Incidencias. Media entrada en tarde agradable. Cuando apareció la presidenta de la corrida del día anterior que denegó la segunda oreja al herido Morante, fue abroncada.

La corrida de Juan Pedro Domecq resultó un fiasco y además tuvo el enojoso principio de una bronca, cosa nunca vista.

Y es que cuando la persona que ocupó el palco en la corrida de la víspera, que denegó la segunda oreja al herido Morante, apareció por el callejón a la vez que se abría la puerta de cuadrillas, hubo público al que no se le había pasado el enfado, y la recibió con protestas, originándose el desconcierto entre los espectadores que no presenciaron aquella preciosa faena, que incluso pensaron que se protestaba la sustitución.

Nada más lejos de la realidad, las aguas se aquietaron, y las cuadrillas fueron aplaudidas como se debe. Pero fue un mal principio que no tuvo un buen final, como reza el proverbio gitano.

Y el culpable fue el ganado, que no estuvo a la altura de la tarde. Una corrida descastada y sin raza, con predominio de la mansedumbre. La terna se estrelló y el marcador quedó vacío aunque si Talavante llega a acertar con el estoque cobra una segura oreja. Hubo otras peticiones en la tarde, para Padilla en el cuarto y para El Juli en el quinto, pero fueron minoritarios los pañuelos como bien calibró el usía, que a la vista de la presencia de algún morlaco, estuvo mejor en el palco que en los corrales.

Padilla dio todo lo que tiene y cumplió su cometido con honradez. Pero su lote fue imposible, más bien mular. Su primero no solo se paró, sino que intentó homenajearse con una siestecita, echándose nada más comenzar la faena de muleta. Su segundo toro, tres cuartos de lo mismo, apenas duró para el arranque de faena del jerezano, que de rodillas expuso en el trasteo inicial, fajándose con ganas de triunfo. Pero Padilla tiene un defecto: es matador de toros de lidia, no de mulos cascabeleros. Por eso sus tercios de banderillas tuvieron el mérito de atacar mucho en la jurisdicción del toro y se lució, pero poco pudo hacer con ese ganado.

El Juli tuvo un primer toro burraco que fue un animal corretón, distraído y sin raza, que además perdía las manos y no tuvo fijeza. Sus pocas acometidas no tuvieron ni gas, ni raza. El segundo toro de El Juli rozó los seiscientos quilos y presentó hechuras boyales. El Juli, sin duda a la vista de cómo iba la corrida, lo cambió sin probarlo y el toro tuvo genio, reponiendo con brusquedad y a peor. El Juli estuvo firme, perdiéndole los pasos pero aquello fue a peor por la condición del toro, no por la seriedad y empeño de el torero.

Sí que pudo armar faena Talavante con el tercero, el mejor de la suelta, toro que se movía con nobleza aunque le faltó chispa y terminó rajándose. Bien el torero de repertorio pero muy mal al matar ya que falló en sus dos toros. En el primero de la suelta los pinchazos le costaron un trofeo, pero en el segundo tuvo la misma mala suerte que sus compañeros de cartel: anunciarse con una corrida de Juan Pedro Domecq .

El marcador quedó tan vacío como nos quedamos los aficionados. Y hoy, Galloso.

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