espacios expositivos | análisis

Más contenedores que contenidos

  • El anuncio de la creación de un Museo de Arte Contemporáneo en el antiguo instituto Rosario nos anima a realizar un recorrido por los museos e infraestructuras que acogen exposiciones en la ciudad

Ya fuera por aquella fiebre electoralista y efectista de inaugurar espacios en los tiempos de los dineros, ya fuera por una política basada en la recuperación para la cultura de espacios militares y defensivos, el caso es que la ciudad de Cádiz está trufada de edificios que presumen de vocación artística y cultural y que, en muchos casos, no cuentan con una línea coherente de programación o, aun peor, ni con programación estable.

Más contenedores que contenido es la sentencia que se nos viene a la cabeza tras un barrido somero sólo por los museos y espacios con uso expositivo (dejando a un lado teatros, bibliotecas y resto de infraestructura cultural) a tenor del anuncio de un nuevo equipamiento más para la ciudad, el nuevo Museo de Arte Contemporáneo que se levantará en lo que fue el Instituto Rosario.

6 museos

Seis museos y ninguno que se encargue de realizar un recorrido completo por la historia de la Trimilenaria... (pero esa es sí que es otra historia). La ciudad de Cádiz cuenta media docena de museos y dos que vienen en camino, el Museo de Arte Contemporáneo, del que apenas se conoce el proyecto pero sí la decidida apuesta de su creación, y el Museo del Carnaval, del que, tras dos iniciativas fallidas, conocemos bien el proyecto (¿queda alguien por entrar en el Palacio Recaño?) pero sobre el que planea la gran incógnita de su financiación (¿cuánto, cuándo y quién pone el dinero?)

Sí tenemos un Museo del Títere y un Museo Litográfico, y ninguno de ellos parece lo suficientemente atractivo ni para los locales ni para los foráneos (2.966 y 1.694 son las visitas recibidas, respectivamente, en cada uno de los centros durante el primer trimestre del año). Escondidos, con poca difusión y con recorridos que necesitan bien de un guía bien de una musealización más didáctica para llevarse una buena experiencia, en el caso del Museo del Títere se ha intentado solucionar su problema de visibilidad cambiando la entrada (ahora en las Puertas de Tierra) y el de sus contenidos con una nueva musealización que contempla la inclusión de los títeres de La Tía Norica. O, al menos, a eso se comprometió la concejala de Cultura a finales de 2017. Eso sí, la puerta nueva ya la tenemos. El Litográfico, por su parte, sólo encuentra redención en las visitas guiadas y talleres, ambos previamente concertados. Pero actualmente ni unas ni otros se pueden solicitar ya que el museo se encuentra cerrado tras la conclusión de la exposición del 150 aniversario de Diario de Cádiz que le ha dado vida durante 2017 y que está en desmontaje.

En la plaza del Oratorio se levantan otros dos centros bien distintos entre ellos. El anticuado Museo de Las Cortes, con la maravillosa maqueta de la ciudad del siglo XVIII explicada en cuatro cuadros de tamaño A3 y ni una propuesta de recorrido ni folleto que llevarse a la boca (5.049 visitas de enero a marzo 2018); y el más vigoroso Centro del Doce que reabrió sus puertas el 28 de febrero cuando la Junta decidió dejar la gestión del centro en manos de una empresa privada, Arq Patrimonio Cultural y Turismo. Desde entonces el centro de interpretación de la Constitución de 1812 ha ampliado su horario, realiza visitas guiadas (concertadas) en español y en inglés y, aseguran, pronto contará con la traducción de los textos del recorrido al idioma de Shakespeare. Aun así, sus primeros números no han sido todo lo bueno que esperaban, 731 desde su reinauguración.

Por último, la joya paciente de la ciudad, el Museo de Cádiz, con un valor incuestionable de sus contenidos (de los sarcófagos fenicios a las ocho salas dedicadas a la pintura de los siglos XVI a nuestros días (Zurbarán, Alonso Cano, Rubens, Juan Carreño de Miranda, Murillo...) y pasando por la colección arqueológica fenicia y romana que ha mejorado con la reorganización del espacio y nuevo recorrido temático por Gades), lleva pidiendo a gritos su ampliación que iría acompañada de una museografía acorde a los nuevos tiempos (eh, ahí su talón de Aquiles). Pero nada de esto parece posible si el Ministerio de Cultura no mira hacia Cádiz y si la Junta no pelea con algo de ímpetu para que el Estado conceda su gracia. Ha recibido el primer trimestre 24.047 visitantes, incrementando un 9 por ciento, eso sí, respecto al mismo periodo de 2017.

Hubo un momento en que la entidad autonómica quiso aplacar los ánimos de la ciudadanía, que venía reclamando esta justa ampliación, con la suma de la Casa Pinillos en 2011 (el edificio que se levanta junto al Museo provincial) que jugó un papel interesante en los fastos del Doce (allí se expuso el texto original de la Constitución) y que actualmente sólo abre sus puertas de miércoles a sábado con la misma exposición de su inauguración (fotografías de Ramón Muñoz). Y con suerte. Ya que, como ocurrió este miércoles pasado, los días en los que el personal del Museo están desbordados de trabajo, la Casa Pinillos permanece cerrada por falta de personal que se ocupe de ella.

6 salas de exposiciones

Una de las más veteranas es la Sala del Pópulo que, podríamos decir, tiene una línea bien definida aunque sin grandes aspiraciones. Así, autores locales y, sobre todo, colectivas fruto del trabajo de alumnos de talleres conforman los contenidos de una sala con una ubicación privilegiada a la que se le saca muy poco partido. El éxito o fracaso de público es desconocido pues no se lleva un conteo.

El caso contrario es el de la Kursala de la Universidad de Cádiz. Una apuesta que brilla más por sus contenidos que por su continente. Así, en una sala más bien desangelada del edificio Constitución 1812 se desarrolla este proyecto dedicado a la fotografía por donde han pasado autores nacionales e internacionales reconocidos con numerosos premios, al igual que los fotolibros (Cuadernos de la Kursala) que se editan de las exposiciones.

Algo fuera del circuito expositivo pero con unas vistas envidiables, el Baluarte de San Roque es un ejemplo de espacio recuperado para la cultura... a ratos. Con el objetivo de ser contenedor de expresiones artísticas relacionadas con Marruecos, la galería abrió sus puertas en 2014 con una exposición del artista Hakim Ghailan, y tardó bastante en volver a dotar sus estancias de nuevos contenidos. Entre ellos, la muestra de Joaquín Hernández Kiki. Varias exposiciones diferentes se han celebrado a fecha de hoy y, por cierto, ninguna más de un artista marroquí. Actualmente se expone la colectiva Migrantes, y las visitas en este primer trimestre del año han sido apenas 749 personas.

Más tino y cuidado se ha tenido con la programación de la longeva (1997) Sala Rivadavia que, aunque ahora no esté pasando por una de sus mejores épocas, se ha convertido en plataforma de lanzamiento de artistas dedicados al arte contemporáneo que, en los buenos tiempos, se han podido ir de Cádiz con un jugoso catálogo bajo el brazo. Pero ahora Rivadavia tiene menos movimiento, es más, la muestra de la roteña Emecé Essene que se inauguró la pasada semana es la primera del año.

También con una buena obra editada por la Fundación Provincial de Cultura partían antes los reputados artistas que han colgado sus obras en los Claustros de Diputación. Antológicas de figuras nacionales e internacionales o colectivas con nombres de relumbrón eran la cotidianidad de la zona expositiva del Palacio Provincial que desde hace unos años ha bajado considerablemente su nivel artístico, con gloriosas excepciones como la interesante Exiliarte, que se inauguró el 14 de marzo (1.350 visitas a día de hoy). Una muestra que le devolvió la vida en este año al Palacio Provincial que desde el 15 de enero (cuando terminó la muestra de belenes Noche de Sol, con 16.000 visitas) no había acogido ninguna exposición.

A estos espacios habría que sumar la Casa de la Juventud o el Centro Integral de la Mujer que no en pocas ocasiones se utilizan para albergar exposiciones temáticas.

7 centros culturales

Lo de los centros culturales es el mejor ejemplo de la política indiscriminada de recuperación del patrimonio sin un programa concreto para cada infraestructura. Salvamos de la quema a la Casa de Iberoamérica, cuyo espíritu se respeta tanto en exposiciones permanentes e itinerantes como en los actos que suele acoger (las visitas de este 2018 son 3.722), y los esfuerzos por insuflar de vida al ECCO (de Espacio de Creación Contemporánea a Espacio de Cultura Contemporánea) que, además de la colección permanente del Valle de los Caídos de Los Costus, mantiene una programación estable de exposiciones aunque en su nuevo rumbo está más enfocada a la participación de colectivos ciudadanos y a poner en valor el patrimonio de la ciudad (ahora mismo se mezclan la antológica del creador de exornos gaditano Antonio Accame, Andamios realizada por estudiantes de diversas disciplinas de creación y la reivindicativa La guerra...) Unas 4.572 personas lo han visitado en lo que llevamos de 2018.

A medio camino está es el caso del Castillo de Santa Catalina, indudable referente turístico, siendo el espacio cultural de gestión municipal más visitado año tras año (52.196 personas entre enero y marzo), pero cuyo interés expositivo es irregular. De los tiempos de Diego Rivera o de la antológica de la pintura rusa del siglo XX (sí, eran los tiempos del oro) hemos pasado a la mezcla de muestras más modestas con algunas brillantes como las de Pep Guerrero o El Roto. Por ahora, en 2018, nos toca la modestia de la Explosión de Cádiz, A doble cara, de cuatro buenos artistas locales o Ausencias, que también queda en casa.

Con su vecino, el Castillo San Sebastián, ni contamos desde antes de que el temporal Emma lo convirtiera en innaccesible. Sus rehabilitadas casamatas sólo han sido habitadas últimamente por las tiendas del Festival Manga de Cádiz. Los Depósitos de Tabacalera es otro espacio fantasma del que siempre se dijo que tendría un uso cultural. Y ahí está, sin uso alguno.

También en el entorno, el Baluarte del Orejón late a ratos a medio camino entre su vidas pasada y futura. El renombrado como Espacio Quiñones acaba de cerrar sus puertas tras la conclusión de la muestra inaugural sobre el escritor gaditano con la que ponía de largo su nuevo uso dedicado a las letras. Así, ahora se queda sin actividad a la espera que la Asociación de Amigos Fernando Quiñones se haga con este espacio que le ha sido cedido. Hay que recordar que el centro que ocupa una parte del antiguo Club Marte se recuperó en julio de 2016 como sala expositiva aunque se planeaba hacer un centro cultural para la Viña, tal y como todavía figura en la placa de su entrada.

En un proceso interesante de revisión se encuentra el Baluarte de la Candelaria, un espacio que sólo tiene verdadera vida en verano pues en invierno apenas tiene programación y, cuando la tiene, no responde a un objetivo concreto. Así, se va saltando de un tipo de actividad a otra sin mucha definición. A esto se suma la necesidad de una reforma inmediata que acompañaría a "un nuevo modelo de gestión abierto, profesional y participativo que le permitan desarrollar todas sus potencialidades y conforme a las directrices y valores del Plan Director", tal como reza en el documento resultante del debate entre los agentes culturales y vecinales que a finales del año pasado se reunieron para proponer un nuevo plan de uso del espacio. Mientras, en lo que va de año apenas 1.880 personas han visitado uno de los espacios más bonitos de la ciudad que actualmente sólo cuenta con la exposición South of Spain photographers, muy desangelada, en las casamatas.

Justo enfrente tampoco corrió mejor suerte el centro cultural Reina Sofía (3.252 visitas este año) donde se mezclan oficinas y fundaciones (centros de trabajo) con un salón de actos y patio para actividades y dos colecciones permanentes carentes de visibilidad. Si las obras de la colección Vassallo apenas respiran apretadas en dos insuficientes salas, la colección Arámburu se disemina sin relato ninguno entre el piso de la azotea y el pasillo del primero piso.

4 centros ligados a yacimientos

En el apartado yacimientos tenemos las dos caras de la moneda. La amable sonríe en Gadir, todo un acierto en la puesta en valor y discurso expositivo, de los mejores de la ciudad. Al tratarse de visitas concertadas y con un tope ha recibido a 4.650 personas en el primer trimestre de este año, superando las cifras del pasado ejercicio, que tuvo 4.397. No obstante, sigue sin alcanzar las cifras que admite.

Tampoco le ha ido nada mal al Teatro Romano desde su reapertura. La inauguración de su centro de interpretación -con una museografía modesta- y el atractivo del propio yacimiento le ha propiciado 17.465 visitas en el primer trimestre, unas 1.928 personas más que el pasado año. Esta infraestructura clave de nuestro patrimonio está además de enhorabuena al ser objeto de las ITI -con 5 millones a invertir hasta 2020-. Con esta suma está previsto ampliar el propio centro de interpretación y se mejorará el circuito del yacimiento.

En la cara más oscura se encuentra la Factoría de salazones, que ha tenido problemas en sus horarios por falta de personal, pero que ahora está cerrada por obras de mejora (no señalizadas). No lo tiene tan claro la Casa del Obispo, un yacimiento arqueológico de gran valor, con un discurso expositivo más bien moderno, pero que acumula años de clausura por un problema con la concesionaria. Lleva tres años y cuatro meses cerrado, pendiente de sacar de nuevo a licitación la gestión del enclave por incumplimiento de contrato de la concesionaria. Hace un año que el Ayuntamiento así lo anunció y desde entonces no ha ofrecido novedades.

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