"Le agradezco a Sr. Chinarro poder vivir de modo coherente"

  • Acaba de poner en circulación su disco número 12, 'Presidente' · Hoy es ya toda una institución de ese pop que, hasta hace poco, vivía ajeno a las 'superventas'

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Sr. Chinarro publica nuevo álbum, Presidente, el número 12 de su discografía oficial, y Antonio Luque sale hasta en el telediario de la primera. ¿Premio a la perseverancia? ¿Cambios en los esquemas mediáticos? Apunten el dato: el día de su publicación, el pasado lunes, circuló por Twitter la noticia de que en alguna tienda de Madrid la versión en vinilo se agotó en cuestión de horas.

"Y mira que a mí me cuesta defender el vinilo -confiesa Luque-. Cuando los del grupo me dicen ¡qué guay! les recuerdo que hay que levantarse a darle la vuelta, que cogen polvo, que hay que andar moviendo la aguja para encontrar la canción... Suenan mejor, pero... No sé, me traen muchos recuerdos, aunque creo que los chavales no pueden echar de menos una cosa que no han conocido. Tarde o temprano, desaparecerán".

El músico sevillano, residente desde hace cinco años en Málaga, se enfrenta a una exposición hasta hace poco impensable para los artistas nacionales del ámbito indie. Tres o cuatro entrevistas diarias. "No las leo", reconoce cuando le cuento que luminoso y menos introspectivo son los dos calificativos más usados a la hora de describir su nuevo trabajo. La razón es simple: ambos aparecen en la hoja promocional enviada por su discográfica, Mushroom Pillow. "Me di cuenta de eso hace algún tiempo. Me encargaron que escribiera yo mismo la hoja de promo de Ronroneando -dice en referencia a su anterior disco- y puse que era una maravilla, una obra maestra… Total, era lo que todo el mundo iba a copiar y pegar".

Lo cierto es que Presidente no resulta ni más ni menos asequible que el mencionado Ronroneando, El mundo según o El fuego amigo, aquel disco con aparición estelar del fallecido Enrique Morente y producción de J, de Los Planetas, que proyectó a Luque hacia públicos más amplios. "A mí no me lo parece -afirma-. Al contrario, creo que tiene letras más difíciles de entender que las de Ronroneando. Pero si al sello le viene bien decir eso, es asunto suyo. Ya diré yo lo contrario. Para empezar, que el sonido no es luz. Utilizar metáforas es complicado, porque no sabemos si estamos entendiendo lo mismo cuando decimos luminoso. Si lo que se quiere decir es que el disco suena bien, pues entonces sí, y hay que decírselo al productor y al sello, que fue el que puso lo que hace falta en estos casos: pasta".

Mushroom Pillow puso la pasta y Jordi Gil, como en Ronroneando, su talento y pericia como productor. "Tenía miedo a que el disco sonara sobreproducido. Jordi llamaba a músicos y más músicos, y yo quería que fuera todo más sencillo. Pero pasada la fase esa en que le pillas manía a las canciones de tanto escucharlas durante la grabación, lo escucho ahora y creo que suena realmente bien", concede Luque.

Junto a la profusión de arreglos, llama la atención cierta adscripción estilística de índole canónica, ésa que amolda los temas de Presidente a formas reconocibles, clásicas, de la historia del pop. "Está hecho así -afirma-. Lo difícil es que un grupo pueda practicar varios estilos musicales. Ahí es donde se nota que tengo unos músicos que son músicos. Sé que mucha gente que sigue a Chinarro preferiría que en este disco todas las canciones fueran como María de las Nieves o Babieca, pero si te salen otros estilos, ¿por qué los vas a desechar?".

Antonio Luque presume de músicos, esos intercambiables planetas del sistema Chinarro a menudo desintegrados o lanzados fuera de órbita por el astro. Aunque con Gil, Javi Vega y Pablo Cabra (los dos últimos, integrantes de Maga), su mapa celeste cobra una rara estabilidad. "Monté una banda en Málaga para la gira que hicimos de canciones antiguas, y sirvió para tocar la música que Sr. Chinarro hacía cuando era un grupo amateur. Pero para tocar las canciones de ahora, hay que buscar músicos profesionales", asegura Luque, que vuelve a su ciudad natal una vez por semana para ensayar. "Y para salir y ver a los amigos. En Málaga llevo una vida más monástica. Me dedico sobre todo a escribir", explica quien, tras foguearse con dos relatos, publicará en breve su primera novela.

Se fue de aquí por motivos familares. ¿Cómo ve ahora Sevilla en la distancia? "Lo que no me gustaba de Sevilla ahora empieza a resultarme hasta gracioso. Comparada con la de Málaga, la Semana Santa de Sevilla es una obra maestra del arte -asegura-. Creo que aquí se están haciendo cosas guays, y no sólo en la música, desde luego, aunque sea el terreno que yo mejor conozco. Hay muchos grupos, pero también festivales, actores, directores de cine, estudios de grabación... La oferta cultural es muy superior a la de Málaga, pero bueno, en algo tenía que salir perdiendo. Allí hay playa y mejor clima".

Comenta Luque que para él los discos son el mecanismo que mantienen en marcha la rueda de los directos. "Y no es lo mismo el catálogo de Ikea, que te entran ganas de salir corriendo a por la llave allen, que la fotocopia de Pepe el fontanero". A diferencia de otros músicos nacionales durante los últimos años, Sr. Chinarro no ha bajado su caché. "Que por otro lado no es especialmenta alto -dice-. Tocaré menos, pero no lo bajaré. Es esto que con la crisis le está pasando a todo el mundo: trabaje más, eche más horas... Oiga, si usted quiere, mame. Pero una de las razones por las que me dedico a esto, entre otras, es porque un buen día decidí que yo ya no mamaba más. Parece que estamos siempre obligados a todo. Pues no: plante usted cara. Yo prefiero tocar menos mientras tenga para mis gastos y mis cosas. Mucha gente se ve obligada ahora a hacer más horas, a aceptar rebajas de sueldo, porque se metieron en deudas. He visto a algunos mileuristas con coches de 30.000 euros. Lo que yo más le agradezco a Sr. Chinarro, al hecho de tener una banda con la que puedo tocar y que nos contraten por ello, es poder vivir según mis creencias, de modo coherente, aun con mis contradicciones".

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