Trágica realidad que parece inventada

Drama, EEUU, 2011, 107 min. Dirección: Andrew y Jon Erwin. Guión: J. Erwin, Theresa Preston. Fotografía: J. Erwin. Intérpretes: Rachel Hendrix, Jason Burkey, John Schneider, Jasmine Guy. Cines: Al-Ándalus Bormujos, Cineápolis, Cineápolis Montequinto, Cinesur Nervión Plaza.

Una historia de gran calado dramático -el trauma de una joven que descubre que fue adoptada tras sobrevivir a un aborto fallido- perjudicada por un tratamiento de telefilme edulcorado, parcialmente rescatada por unas cuantas buenas interpretaciones y honesta en su forma de afrontar los siempre difíciles temas del aborto, el desamor y la culpa. Entre las interpretaciones destacan la de su protagonista, Rachel Hendrix, y muy especialmente de Jasmine Guy, que interpreta un espléndido monólogo en su papel de enfermera.

Le han llovido los palos a esta película por su posición crítica hacia el aborto, pese a evitar los juicios sumarísimos y no maltratar a sus víctimas (activas o pasivas) reduciéndolas a estereotipos. Críticas injustas que ignoran sus valores de guión e interpretación y magnifican sus errores. Entre éstos no sólo hay que contar el tratamiento, que oscila entre unas pocas escenas de genuina tensión dramática y demasiadas con aire de postal; también el dibujo de algunos personajes secundarios (como la pandilla que viaja en la furgoneta en la que sólo falta Scooby-Doo: afortunadamente dura poco en pantalla) y el uso excesivo de la música.

Estos errores de los debutantes Andrew y John Erwin lastran pero no invalidan esta honesta, a ratos emocionante y bien interpretada reflexión sobre un drama -el del aborto- que el pensamiento dominante quiere silenciar salvo que se trate positivamente. Agravado por el hecho -trágico o positivo, según se mire- de que la víctima sobreviva al intento de matarla. Quien crea exagerado el caso expuesto en esta película que recuerde el juicio celebrado hace un año contra una clínica de Palma de Mallorca por aborto fallido, tras interponer la madre una denuncia después del nacimiento de su hijo. En este caso el niño no fue dado en adopción, como en la película, y la madre recibió una indemnización de 420.000 euros para resarcirla de "daños morales" y mantener al hijo que no quiso hasta los 25 años. Conviene, pues, que se traten estos temas. Aunque se agradecería que al rigor en el planteamiento correspondiera el rigor formal.

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