Cine Inauguración del Festival de Cine Africano de Tarifa

Tarifa aboga por dejar de mirar el cine africano con misericordia

  • Mane Cisneros, directora del FCAT, considera una hazaña la vigencia del certamen, que abre una nueva edición para sacar a la filmografía de África del anonimato · Eloy Azorín, el maestro de ceremonias

Aun sin premeditación se tiende a mirar con condescendencia al cine africano. En su todavía mal llamada industria asoma la precariedad de medios, como en tantos otros aspectos del continente. Mane Cisneros, directora del FCAT, abrió ayer la quinta edición del certamen tarifeño con un mensaje combativo con esa situación. La precursora del festival no sólo abogó por sacar a la cinematografía del otro lado del Estrecho del anonimato, sino también de un análisis victimista. "Vamos a seguir luchando para que la gente comprenda que África no quiere misericordia", proclamó.

"Tras un año de trabajo e ilusiones", en palabras de Cisneros, el quinto curso del Festival de Cine Africano de Tarifa quedó inaugurado sin boato y con su reconocible estilo en la iglesia de Santa María. El actor madrileño Eloy Azorín actuó de maestro de ceremonias y se agradeció su cercanía pese a que no dejaba de ser la estrella invitada.

"Soy un gran aficionado al cine. He visto hasta películas españolas", bromeó Azorín antes de confesar que, sin embargo, no conoce el del vecino continente. "El año que viene, cuando me pregunten por cine africano, ya diré que lo he visto", afirmó quien leyó el Música para camaleones de Truman Capote en Todo sobre mi madre. El actor se trabajó un sencillo pero buen discurso para la ocasión y no se limitó a salir del paso. En fin, que se comportó y cumplió.

Azorín contó que fue hace dos semanas cuando su representante le habló del FCAT. Su agente pertenece a la asociación Voces. Visitó su web y también la del festival tarifeño. Entendió, explicó, el nexo principal entre aquel colectivo y este certamen: la promoción de la cultura para fomentar el desarrollo.

El actor reveló: "El cine africano está huérfano de difusión y alcance. Está tapado por los enormes carteles de las películas norteamericanas. Cuando entré en la página web del festival de Tarifa me encontré con una frase de Mane Cisneros: 'África es esencialmente movimiento'. He decidido, por lo tanto, moverme hasta aquí para crear una energía tan grande como los carteles de las películas norteamericanas".

En una iglesia llena y con la música en directo de Kora Jazz Sur, Azorín, apoyado en audiovisuales, detalló el programa de "diez días para envolverse en películas de una enorme diversidad". También presentó a los jurados en el momento más desconcertante de la ceremonia de inauguración. Faltó Alquimia Peña, la presidenta del que valorará los largometrajes de la sección El sueño africano. El actor dio paso a Gerardo Olivares, que presidirá el de los otros dos espacios de competición, Al otro lado del Estrecho y África en corto. Pero subió otro de sus miembros, Flavio Florencio, que explicó que Olivares se había perdido y que a él le había costado tres días llegar desde México.

Cisneros calificó de "rara" la idea que alumbró hace cinco años de organizar un festival de filmografía africana "en la ciudad que más se merecía ser sede de este certamen". "Lo que podía parecer imposible se ha convertido en realidad", dijo justo antes de insacular también como hazaña "transformar cuatro espacios en cuatro salas de cine", puesto que "ronda el milagro". Mucho cine le espera a Tarifa y ni en la salida se ausentó. Tras un cóctel a las puertas de una jaima, se proyectó DRUM, una cinta sobre el apartheid del sudafricano Zola Maseko.

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