Surrealismo sublime en rojo y absurdo elevado a la enésima potencia en azul

  • Faemino y Cansado vuelven a meterse en el bolsillo a un público gaditano entregado

Carlos Arroyo y Javier Pozuelo, Faemino y Cansado al fin y al cabo desde que unieran sus caminos hace veinte años, volvieron a Cádiz y volvieron a meterse al público del Gran Teatro Falla en el bolsillo, una constante en cada una de las visitas que el dúo cómico madrileño se ha dejado ver por la Tacita de Plata

Son dos no es un espectáculo cualquiera, o sí. Probablemente no haya contado con días de ensayos, ni siquiera horas. Para qué. La improvisación y la complicidad del orgullo del Tercer Mundo se basta y se sobra para llenar un escenario en el que la mera presencia de estos dos monstruos del surrealismo provoque la carcajada del respetable. Sólo de la mano de Faemino y Cansado pueden compartir protagonismo a partes iguales Macaulay Culkin -el gilipollas de Solo en casa- David Meca -íntimo del concejal de Fiestas Vicente Sánchez- o el presidente francés Nicolas Sarkozy. Lo absurdo toma sentido y el público lo festeja por todo lo alto. El rojo y el azul, y viceversa, recorren el mundo de la mano y, aunque cuelan un par de chistes viejos, sonrojan con habilidad a la Iglesia y le dan caña a la monarquía sin sutilezas. Se mofan de Benedicto XVI, reconvertido a superhéroe caletero con capa de corcho, y se saltan el protocolo para hablar de los Borbones, cuyo cabeza visible goza de una libido prodigiosa cuando cae la noche y huye de La Zarzuela sobre dos ruedas. Arroyito y Pozuelón -alter ego de Carlos y Javier sobre las tablas- ponen el broche de oro a una velada irrepetible. Nada tuvo que ver la función del viernes con la del sábado. O quizá sí, en ambas se leyó a Kierkegaard.

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