Rubens, agente al servicio de la monarquía española

  • El crítico de arte Mark Lamster publica con Tusquets 'Rubens, el maestro de las sombras', un documentado estudio acerca de la labor diplomática del pintor

Pedro Pablo Rubens, el príncipe de los pintores, conocido sobre todo por sus desnudos femeninos de abundantes carnes y sus espectaculares alegorías históricas tan típicas del barroco, fue además un consumado diplomático, un agente secreto que rindió importantes servicios a la corona de España y a su patria flamenca.

Aprovechando su presencia en las distintas cortes de una Europa envuelta en interminables y sangrientas guerras de religión, el pintor, que era un gran erudito y consumado políglota -hablaba con fluidez holandés, francés, alemán, italiano, latín y español- llevó a cabo todo tipo de negociaciones secretas y participó en rocambolescas intrigas, en las cortes de España e Inglaterra y Francia.

Era una época en la que el ejército español, el más poderoso del continente, asolaba Flandes y los Países Bajos pugnaban por independizarse como república bajo Guillermo de Orange, primero, bajo su hijo Mauricio, tras el asesinato de aquél, y en la que otras potencias como Francia o Inglaterra tratan de aprovechar esa lucha para sacar tajada.

En Rubens, el maestro de las sombras (Editorial Tusquets), el conocido historiador de la arquitectura y crítico de arte Mark Lamster documenta con abundancia de detalles las oscuras maniobras en las que participó el pintor, europeísta avant-la-lettre y pacifista convencido, y que dieron lugar a siempre cambiantes alianzas.

Como señala el autor, Rubens no fue, sin embargo, el único ni tampoco el primer artista que sirvió de asesor en las cortes de su tiempo: el genio renacentista Leonardo da Vinci fue consejero de varios príncipes y asesor en materia de ingeniería y defensa, Jan van Eyck representó al duque de Borgoña en misiones diplomáticas y Gentile Bellini fue enviado a Constantinopla en 1457 por el Senado veneciano para actuar como emisario de buena voluntad ante el sultán otomano Mehmet II.

Pero Rubens los superó a todos e hizo de las maniobras diplomáticas entre las distintas capitales una actividad paralela a la de su pintura, que le sirvió en muchos casos de tapadera para llevarla a cabo sin llamar demasiado la atención.

A lo largo de 400 páginas y pertrechado de una abundante documentación, Lamster nos ofrece un panorama histórico fascinante de aquella Europa de fronteras cambiantes y sigue de cerca los pasos de un Rubens que parece incansable en sus negociaciones entre potencias rivales, participando en o desmontando intrigas y conspiraciones de monarcas y validos mientras pinta sus retratos o vende antigüedades a nobles y diplomáticos coleccionistas.

Así le vemos ya muy joven haciendo sus primeros contactos: enviado a España por el duque de Mantua Vincenzo Gonzaga con veinte copias de cuadros de Rafael destinados al duque de Lerma y la mano derecha de éste, Rodrigo Calderón, o acompañando en otra ocasión al Gonzaga para asistir al matrimonio por poderes de Enrique IV de Francia con María de Médicis, que con el tiempo se convertiría en uno de los principales protectores y aliados políticos del pintor de Siegen.

Al duque de Lerma le encantaron los cuadros que le llevó el pintor flamenco, el aristócrata español le encargó al pintor un retrato suyo a caballo, hablaron ambos del conflicto en los Países Bajos entre católicos y protestantes, y todo ello marcaría el inicio de una larga y fructífera relación entre ambos, que iban a dedicar mucho tiempo y energía a intentar poner fin a las hostilidades en aquella parte de Europa.

Rubens, que vive y trabaja en Amberes, auténtica metrópoli comercial del norte de Europa, fuertemente golpeada por aquel conflicto, celebrará con uno de sus cuadros más famosos, La Adoración de los Reyes Magos, la Tregua de los Doce Años entre España y las Provincias Unidas (protestantes), tregua que acabará en 1621 y dará lugar a nuevas hostilidades y a la ocupación del Palatinado por las potencias católicas.

Francia se alía con los holandeses en 1621 y Rubens, que ha sido ennoblecido por el rey de España, se traslada a París para instalar en el palacio de Luxemburgo el gran ciclo pictórico que ha creado para María de Médicis por recomendación de Eleonora Gonzaga, hermana de la reina, y de la archiduquesa Isabel, a su vez amiga de aquélla.

La gobernadora de los Países Bajos quiso colocar a un agente (Rubens) en el corazón mismo de la corte francesa para que recabase información sobre la creciente acumulación de poder por el ambicioso cardenal Richelieu.

Ese mismo año de 1625, cuando el general Ambrosio de Spinola, que comandaba las tropas españolas, toma Breda -gesta inmortalizada por Velázquez-, en la otra punta de Europa se produce un intento de una flota angloholandesa de cien buques de tomar Cádiz, que iba a acabar con cualquier esperanza de alcanzar la paz entre España e Inglaterra.

Rubens, siempre previsor, había advertido del peligro de que se produjera un ataque de esa naturaleza, afortunadamente frustrado por lo mal preparada que estaba aquella fuerza expedicionaria para una operación de ese tipo.

Aunque los invasores lograron desembarcar en una isla de la Bahía gaditana, pero sin agua potable, se incautaron del vino local, lo que, como escribe con ironía el autor, "les dejó en condiciones de combatir bastante poco apropiadas".

Los acontecimientos se precipitan a partir de entonces. España y Francia pactan en 1626 una alianza secreta, los holandeses atacan Bahía, en el Brasil controlado por España, Rubens hace un viaje clandestino por Holanda al año siguiente para negociar condiciones de paz con Inglaterra y más tarde se trasladará a España en busca de una alianza angloespañola, que negociará en 1929 en Londres, ya como secretario del Consejo Privado de Felipe IV.

El acuerdo se firmará al año siguiente, Rubens es ennoblecido por Carlos I de Inglaterra, y ya viudo, se casa en segundas nupcias con la jovencísima Helena Fourment, en 1932 viaja a Maastricht para negociar la paz, esta vez con los holandeses, pero tres años más tarde ve fracasar su misión cuando Francia y Holanda atacan por dos frentes al Flandes español.

Rubens moriría en su lujosa residencia de Amberes en mayo de 1640, ocho años antes de que los tratados de Münster y Osnabrück constituyesen la paz de Westfalia, que pondría fin tanto a la guerra de los Treinta Años como a la de los Ochenta Años, algo por lo que tanto había luchado quien escribió en cierta ocasión: "Me gustaría que el mundo entero estuviera en paz, que pudiéramos vivir en una edad dorada y no en una edad de plomo".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios