'Las Princesas del Pacífico' visitan este fin de semana La Lechera

  • La obra, dirigida por el gaditano José Troncoso, bebe de la tradición del esperpento

José Troncoso dirige y Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León la ponen en pie, pero el nacimiento de Las Princesas del Pacífico se debe a estas seis manos. El montaje, que llega este fin de semana a la Sala Central Lechera, vio la luz por primera vez hace diez años pero sus creadores quisieron recuperarlo "porque siempre se había quedado vivo en nuestras cabezas -comenta el gaditano José Troncoso-. Queríamos rescatar las vidas de estas dos mujeres, que tienen ahora más vigencia ahora, ambas al pique de un repique, con un pie en la calle, que no saben manejarse en los bancos, ni tienen habilidad social o cultural".

A estas dos criaturas liminales, tía y sobrina, les toca un crucero de lujo y "se ven en alta mar, sin posiblidad de volverse y rodeadas de gente que no tiene nada que ver con ellos". En el retrato de las dos mujeres, el texto busca "más que el arquetipo, la humanidad: pueden recordarnos a nuestras tías, madres... Pero hablamos de cosas universales. Todos nos hemos sentido patitos feos y nos hemos sentido excluidos. Y lo fácil que es reírse del otro sin darse cuenta de que la desgracia la tiene uno encima".

"Evidentemente -continúa-, yo no invento a Valle-Inclán. Ambas son feas, viven en un bajo, recluidas del mundo, y dedican sus vidas a ver un programa de televisión en el que sólo salen desgracias, y se consuelan viendo a la gente en una situación peor que la de ellas. Una actitud muy típica española y andaluza".

Las Princesas del Pacífico fueron finalistas este 2016 a los Premios Max en las categorías de Espectáculo Revelación y Mejor Autoría Revelación, y en el año que ha pasado desde su estreno, la obra lleva ya más de ochenta representaciones: "Se estrenó en la sala Kubik que, en relación con la vigencia del espectáculo, cerrará sus puertas dentro de poco", lamenta Troncoso.

El lema con el que gestaron la pieza, recuerda, fue "me río por no llorar": "Y esa idea se mantiene -indica-. Yo tengo la teoría de que, cuando la gente se está riendo y tiene la boca abierta, la información le entra más fácil. Y cuando te das cuenta, ya lo sabes, ya es demasiado tarde. Te lo has tragado. Aristóteles ya decía que las grandes comedias son en realidad grandes tragedias".

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