"Pastora Imperio vivió siempre por delante de lo que ocurría en el mundo"

  • María Estévez presenta esta tarde en el Café de Levante 'Reina del duende', la biografía novelada de la artista sevillana · La cita forma parte del ciclo que el local dedica, durante estos meses, a la copla

La que ha publicado la periodista María Estévez con Roca Editorial es, a 125 años de su nacimiento, la primera biografía de Pastora Imperio. Un proyecto en el que Estévez se embarcó junto a Héctor Dona, bisnieto de la artista, que estaba "obsesionado con sacar una biografía" sobre ella. María Estévez -colaboradora de Vogue, GQ y Condé Nast Traveler-tardó unos "diez segundos" en decir que sí. La autora presenta hoy Reina del duende acompañada de Javier Osuna y del cante de Inma Márquez, dentro del ciclo La Copla en el Levante.

El hecho de que este sea el primer libro en el que se recrea, con material biográfico, la vida de la famosa artista sevillana se debe, según Estévez, a dos hechos principales: "Por un lado, la propia Pastora Imperio nunca quiso que hubiera información de ella, no por miedo o secretismo, sino porque quería preservar su intimidad. Y, por otro lado, su familia también protegía mucho su imagen. Además, ella dejó de bailar hacia mediados de los cuarenta y su figura cayó en el olvido".

Icono de lo español, católica y monárquica, Imperio Argentina terminó siendo también, por sus propias circunstancias vitales, símbolo de la independencia femenina: "Primero, tuvo que irse de su casa a los dieciséis años y romper con su familia -explica María Estévez-. Después se separó de Rafael El Gallo, renunciando a lo que había creído que iba a ser su vida (una ruptura de la que tardaría años en recuperarse). Luego tuvo una hija y la crió ella sola, pero para entonces ya se había hecho a sí misma, ya sabía cómo reinventarse".

"Era un poco como Madonna -continúa la autora-. Tenía recursos y capacidad para conectar con el público, no era una cuestión de talento absoluto, y además sabía ir innovando: introdujo la bata de cola, el sombrero cordobés..."

Pastora Imperio llegó a encarnar lo que hoy día llamamos el "espíritu de los tiempos": musa de la generación del 98, icono de la del 27, fue una mujer admirada por los escritores, artistas e intelectuales de entre siglos. "Primero, por su belleza, claro -explica María Estévez-. Pero también porque era una vanguardista y entendió, además, que si ellos la aceptaban, su imagen iba a ser eterna. En el momento en que comprendió que así era como no iban a olvidarla, ella les buscó para perpetuarse".

La danza de finales del XIX y principios del XX vio surgir a figuras únicas, de tremenda fuerza, como Isadora Duncan o Maud Allan, entre las cuales se encontraba la propia Pastora: "Se acababan de quitar el corsé y todo lo que fueran nuevas formas, nuevos conceptos, y sonara a exótico, llamaba la atención", apunta Estévez. La misma Pastora Imperio comentaba en una entrevista a Radio Nacional que había conocido a Mata Hari, y que la holandesa "se quedó impresionada con su baile y se inspiró en ella para montar uno de sus espectáculos en París. Había mucha relación entre las artistas de aquel tiempo". Y no siempre -como ocurría con las rivalidades existentes ente la Fornarina, Tórtola Valencia o Concha Piquer-, para bien.

Otro de los hechos sorprendentes en la biografía de Pastora Imperio es que lograra ser una artista popular con la monarquía, la República y el Franquismo: "Era una superviviente nata -indica María Estévez-, y supo adaptarse a cada momento político. El padre de su hija era Fernando de Borbón, pero si tuvo que quemar las fotos de los Borbones y ser republicana, lo hizo. Si tenía que actuar frente a las Brigadas Internacionales, lo hacía. Ante las dificultades, es cierto que todos nos adaptamos pero ella era una mujer que sabía convencer".

Reivindicar los derechos de la mujer fue, también, una manera de solucionar sus propias problemas: madre soltera, veía que su hija no tenía derechos, y que ella misma "no podía, por ejemplo, comprarse una casa a su nombre, ya que dependía legalmente de su marido aunque estuvieran separados -indica Estévez-. Ella siempre estaba conectada, por lo que le decían sus amigos, con lo que ocurría con el movimiento de la mujer fuera de España. Fue pionera: fue la primera artista que firmó a favor del voto femenino y, desde luego, fue la primera que se divorció en cuanto fue posible".

"Para mí, esta fue precisamente su cualidad más destacable -comenta la autora-, la de vivir siempre un paso por delante de lo que estaba ocurriendo en el mundo, algo que resulta aún más admirable en alguien sin apenas estudios. De hecho, son los hombres y mujeres que marcan tendencia los que nos cambian a todos".

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