El Museo de Cádiz recibe en donación un cuadro del siglo XVIII

  • La familia Fernández Cano entrega un trampantojo del pintor Francisco Gallardo Será el único de este autor que se exhiba en un museo

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Cuando en 1720 el pintor Francisco Gallardo acabó un cuadro, un trampantojo, que entregó a una familia de origen cántabro afincada en Cádiz, seguro que jamás pensó que el destino final de aquella obra, casi tres siglos después, sería el Museo Provincial. El destino, que quizás estaba ya escrito, es también el motivo de este cuadro que la familia Fernández Cano donó ayer a la entidad de la plaza de Mina. En este caso, el destino que quiso esquivar, y no pudo, el escritor griego Esquilo. Se trata de la única obra de Francisco Gallardo que se podrá ver en un museo, ya que el resto de su producción artística se encuentra en manos de particulares.

Los hermanos Fernández Cano no querían ser ayer protagonistas, pero lo eran. Les costó, en el acto oficial de presentación de la donación, situarse junto al cuadro y junto a la delegada territorial de Educación y Cultura, Cristina Saucedo, y el director del Museo de Cádiz, Juan Alonso de la Sierra. Francisco, María Manuel y María del Carmen Fernández Cano estaban, eso sí, satisfechos, convencidos de que habían dejado en buenas manos el cuadro que desde su infancia les acompañó colgado en las paredes de su casa, en un despacho-biblioteca, y que perteneció en origen a uno de sus antepasados que llegó a Cádiz desde Cantabria en pleno auge de una ciudad a la que fue trasladada desde Sevilla, sólo tres años antes de la fecha que presenta el cuadro, la Casa de Contratación.

La familia, de generación en generación, conservó el cuadro durante estos tres siglos y los hermanos han decidido ahora donarlo al Museo gaditano, al que ya en 1973 otro de sus hermanos, Víctor, donó la pintura La defensa de Cádiz en la Edad Moderna.

Este mecenazgo cultural fue resaltado ayer por Cristina Saucedo, que agradeció la "generosidad" de la familia Fernández Cano por la entrega de la obra y resaltó que la donación artística "no es frecuente". La delegada afirmó que el cuadro será "cuidado y mimado". De hecho, la pintura de Francisco Gallardo será estudiada y restaurada por el equipo del Museo gaditano.

La producción artística de Francisco Gallardo, un pintor del Barroco que pudo nacer o al menos residir en Cádiz, es corta. Apenas se conocen ocho trampantojos, pertenecientes a colecciones privadas, y un cuadro de carácter figurativo y religioso que tampoco se muestra en museo alguno, según explicó el director Juan Alonso de la Sierra. El trampantojo es un género muy antiguo, muy del gusto de los artistas barrocos, y en el que el pintor trata de engañar la vista del espectador a través de la perspectiva y otros efectos.

En el caso de la obra presentada ayer en el Museo, Francisco Gallardo sitúa un grabado o estampa clásica como si estuviera clavado en una madera, con sus bordes doblados para dar sensación de separación de la madera y hasta con una mosca en la base del papel. Y en esa madera, el autor clava un dibujo del pintor flamenco Otto Vaenius, maestro de Rubens, donde se representa al dramaturgo griego Esquilo.

De él se cuenta que el oráculo de Delfos le vaticinó que moriría aplastado por una casa. Para evitarlo, Esquilo se fue a vivir al campo. Allí aparece en el dibujo de Gallardo, escribiendo tranquilamente en plena naturaleza mientras le sobrevuela un quebrantahuesos que lleva entre sus garras una tortuga, la misma que dejará caer sobre la cabeza del dramaturgo para que el golpe del caparazón, al fin y al cabo una casa, le cause la muerte. Abajo, un texto latino de Horacio recuerda que burlar al destino no deja de ser un imposible.

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