Muere el gurú del Sergeant Pepper

  • Ravi Shankar, el maestro del sitar de Geroge Harrison, icono jipi y ganador de un Oscar por 'Gandhi', fallece a los 92 años en San Diego

Ayer murió en San Diego, a los 92 años, el hombre sin el que no hubiera sido posible una de las canciones más hermosas y complejas de la música popular occidental, Within you without you, que interpreta George Harrison en el álbum que cambió el mundo, o el mundo de quienes buscaban otros mundos, el Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band. Ayer murió Ravi Shankar, el maestro de sitar del propio Harrison, de Brian Jones, el hombre que desde la sagrada Benarés se plantó en el escenario del Woodstock embarrado y, con una pequeña ayuda del viejo amigo LSD entre los asistentes, logró una comunión estelar entre Oriente y Occidente. Luego vino Monterrey, pero, sobre todo, luego vino Blangla Desh, el concierto contra la destrucción en la que alumno y maestro se unieron para entregar algunas de las piezas más bellas del pop. Ayer murió Ravi Shankar, padre de la mágica cantante de jazz, Norah Jones, un icono de los años jipis.

Quizá Shankar nunca pretendió que su amistad con Harrison a finales de los 60 alumbrara la psicodelia ni que se produjera una fiebre de turismo en la miseria de los demás de miles de chavales del primer mundo yendo a conocer las bajezas de Calcuta o la podredumbre del Ganges para volver transformados espiritualmente en no se sabe muy bien qué. Lo seguro es que las casas de los niños bien de Occidente que alucinaban con la maría y con ese sonido hipnótico y metálico que desprendían sus dedos se poblaron de sitares que, en la mayoría de los casos, al ser un instrumento tan ensimismado para el oído caucasiano, acabaron arrinconados como decoración, entre cojines y tapices de elefantes de Bombay.

En realidad, Shankar tenía mucha carrera antes de su célebre encuentro con el beatle triste. Provenía de las castas altas, era un hombre culto, un reconocido compositor en su país y, por decirlo de alguna manera, un burgués hindú. Desde muy joven había conocido Europa con el grupo de baile de su hermano mayor, se había formado en el sitar con el maestro de los maestros del instrumento, Allauddin Khan, y fue el director musical de la radio estatal de su país.

Shankar, tan vinculado a Occidente, un habitual entre los nominados a los Grammy y que incluso ganó un óscar por la banda sonora de la película Gandhi, era una celebridad su país. De hecho, su Parlamento, del que él fue miembro durante seis años a finales de los 80 guardó ayer dos minutos de silencio en su memoria.

Ravi Shankar abrió puertas entre mundos separados por inmensas empalizadas, las que se marcaron en una descolonización que ha durado décadas. Su colaboración con las grandes estrellas de los mejores tiempos del rock entregaron exotismo al paladar consumista occidental, pero también el conocimiento de una cultura para la que las notas que saláin de su sitar eran una religión. Y, gracias a él, conocimos y entendimos ese idioma. El idioma delicioso de su música.

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