Mañana, mañana, tomorrow...

Dentro de su brillante generación Graham Swift (Londres, 1949) parece haber ocupado una segunda fila detrás de los más nombrados o afamados Amis, Barnes y McEwan, al menos desde la perspectiva continental. Lo mejor de esta nueva novela, narrada por una mujer que ronda los cincuenta años durante la víspera, que se convierte en vigilia, del día en que ha decidido, junto a su marido, contarle a sus hijos el secreto de la familia, es el lenguaje dubitativo, interrogante y no lineal con el que Swift atrapa el tono que una persona emplea mientras trata de contarse lo que otra va a revelar al amanecer. Pero el secreto tan guardado, que sus hijos fueron concebidos por inseminación artificial, quizá, a la altura del año 1995 en que se sitúa la ficción, tampoco daba para tanta demora. O tantas páginas.

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