Luis Balaguer gaditaniza a Miles Davis

  • El guitarrista actúa esta noche en la sala Milwaukee, en El Puerto de Santa María

Camarón y Miles Davis se hacen los encontradizos en un rincón de la memoria imposible. Dicen que la idea brotó en un restaurante de Tánger. El periodista Xabier Rekalde ha soñado/recordado el mano a mano frustrado entre el cantaor de La Isla y el trompetista de Illinois, genios irrepetibles y revolucionarios del flamenco y el jazz, de la música contemporánea en general. Luis Balaguer, que esta noche reinventa y gaditaniza la obra maestra de Davis, Kind of blue, en la sala Milwaukee de El Puerto, siempre ha dicho que el flamenco y el jazz "están condenados a entenderse". El susodicho álbum, que el músico algecireño reinterpreta como Kind of Cai, se grabó en dos sesiones de improvisación. Flamenco Sketches brotó a la primera. Davis aconsejó a su banda que acudiera al estudio sin apenas ensayar, pa que saliera el sol por Antequera. Resultado, el disco de jazz más vendido de la historia, una joya artesanal en la que participan John Coltrane, Bill Evans, Paul Chambers y Julian Cannonball Adderley, entre otros. Medio siglo ya. Camarón y Davis no pudieron unir sus talentos, aunque en el fondo lo hicieron, y lo siguen haciendo, desde distancias remotas. Condenados a entenderse.

Luis Balaguer aparece en algunas biografías como "el guitarrista payo de jazz y flamenco, conocido mundialmente" como Luis Balaguer -no, espérate-. Conocidos son sus pinitos con Parrila de Jerez, su amor por el toque de Toti Soler o Diego el del Gastor, sus estudios superiores en Córdoba y su perfeccionamiento jazzístico en el prestigioso Taller de Músicos de Barcelona. Pocos recuerdan, eso sí, su bautismo en el grupo Inopio, en los efervescentes años ochenta y posteriores, junto al inefable Melchor Campuzano.. Poseedor de un lenguaje particular y de una técnica extraordinaria, Balaguer "muere" por Paco de Lucía y West Montgomery, como su colega Carlos Villoslada se pirra por Paco Toronjo y Charlie Parker. Dulces condenas entre ritmos errantes y transparentes. También saben mucho de tal circunstancia Cortejosa y Rubem Dantas, la Sonora Big Band y tantos otros. El polifacético Balaguer los conoce de primera mano, con ellos ha recorrido mil escalas, como un crucero en alta mar.

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