"Julián Marías sólo puso como condición el respeto mutuo"

  • El escritor Aquilino Duque ofreció en el Rectorado una completa conferencia en torno al gran filósofo español, republicano, católico y discípulo de Ortega y Gasset

"Pasó momentos muy duros, como los otros vencidos. Pero nunca hizo bandera de eso y supo navegar sin el menor deseo de venganza pensando siempre en la reconciliación de los españoles". Con emoción, el escritor Aquilino Duque rindió anoche tributo a Julián Marías, el gran filósofo católico y discípulo de Ortega y Gasset que nos dejó el 15 de diciembre de 2005. Republicano que purgó varios meses en las prisiones franquistas, pensador al que se prohibió escribir durante doce años en la prensa y profesor al que injustamente se le llegó a suspender su tesis doctoral, dirigida por Zubiri, a Julián Marías "su amor por la verdad le hizo vivir muy por encima de las contradicciones del momento. Siempre puso como condiciones el respeto mutuo y la lealtad", sostuvo Duque.

Como tantas veces ha lamentado su hijo más laureado, el escritor Javier Marías, a ese "padre vetado" la comunidad científica española le debe todavía el reconocimiento a su magisterio. Una deuda a la que se refirió anoche el profesor Rafael Sánchez Saus en su introducción al acto, que organizó el aula Ciencia y Sociedad de la UCA. "Con este homenaje queremos sacar al filósofo del reino de las sombras, como ya han comenzado a hacer la Complutense y la CEU San Pablo con el reciente congreso sobre su figura, y reafirmar la esencia de los cristianos en el ámbito universitario", afirmó.

Por su parte, Aquilino Duque sostuvo en su espléndida conferencia que la figura de Julián Marías "contribuye a deshacer el falso argumento del páramo cultural" que fue la España de los años 40 y 50, aludiendo a su carácter divulgador del legado de Ortega y Gasset desde el Instituto de Humanidades que fundó a su regreso a Madrid el autor de La rebelión de las masas, y del que Marías sería primero secretario y luego motor tras el fallecimiento de Ortega en 1955. "En aquella España no había libertad pero no era un desierto cultural, aunque a veces el exilio más radical diera a entender que permanecer en ella era una forma de colaborar con los vencedores", subrayó Duque, antes de insistir en que "Julián Marías supo aguantar el tipo sin inclinar la cerviz, como Benedetto Croce en la Italia fascista".

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