Honores al cante gaditano con José Anillo

El Palacio de Villavicencio acogió en la tarde de ayer un recital de tronío de la mano de José Anillo. Fue el primero de los programados en un espacio que, un año más, se aleja de la frialdad escénica intentando acercar al aficionado. Un flamenco muy directo. No existe la megafonía, todo natural. Desde luego no es que le hiciera falta a José, pues modula su voz a partir del estilo a ejecutar. Por alegrías se dejó caer con cierta calma. "No hay prisas", aseguró el cantaor.

Antes había roto el hielo por bulerías de su tierra, con ese estilo de tanto compás. Sin dar oportunidad a los aplausos, las hilvanó con las mencionadas alegrías. Ahí supimos que la tarde iba a ser grata.

Anillo es un cantaor acostumbrado a estar supeditado al baile, por eso ayer sintió como "algo especial" la oportunidad que le daba el Festival de Jerez para demostrar su potencial artístico. En el escenario no deja de ser un cantaor clásico que mantiene la mirada limpia y noble, en él no existen ni la mentira ni el engaño, nos dio su alma. Fue moldeando los tonos bajos con especial soltura en las malagueñas del Mellizo. Su premio, una larga tanda de aplausos. Estuvo acompañado por Rafael Rodríguez, un escudero de gran nivel que, tras triunfar en la jornada anterior con David Palomar, volvió para refrendar su ortodoxia tocaora.

Los chistes y las gracias no aparecieron constantemente, sólo cuando a Rafael le pasó factura la intensidad lumínica en la afinación de su guitarra. Aprovechó para presentar a su grupo con todo el arte del mundo.

Sus dotes sonoros no sólo se demostraron por malagueñas, también en la posterior soleá. Ahí se acordó de La Perla y de Sellés, al estilo de Cádiz. Su triunfo sirve de aliento para su gente y sus amigos que no quisieron perderse su debut en solitario en la muestra jerezana. Tuvo palabras de cariño para David Lagos, "un compañero al que tengo especial cariño y respeto". A grito pelado, el de Jerez respondió con un "tú gente puede estar orgullosa de ti". Aquello era una fiesta.

Sedujo en los tientos y tangos con el aire de Pastora Pavón 'La Niña de los Peines'. Porque él entiende que no todos sus cantes deben ser gaditanos.

Tiró entonces para Jerez en unas sensibles seguiriyas que arrancaron minutos de aplausos. La gente no se cansaba de agradecer su entrega. Para concluir, las palmas de Abel Harana y Roberto Jaén tomaron protagonismo para dar compás a las bulerías de Anillo. Hizo honores a los cantes de Juan Villar, de Alfonso de Gaspar y, en definitiva, a los estilos gaditanos.

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