Guiño a la contemporaneidad desde el clasicismo puro de Fernando Rubio

  • GH40 reúne la obra reciente del pintor chiclanero en una exposición articulada en varias secciones que abordan desde el misticismo español, el urbanismo sevillano hasta el autorretrato de su alma

Fernando Rubio es todo un exponente de la pintura clásica en la provincia gaditana. Es un apasionado de los grandes pintores barrocos sevillanos. Los reinterpreta y arrastra hasta su terreno, desde una perspectiva siempre peculiar y muy subjetiva. Entre guiños a la contemporaneidad o a la obra de Francis Bacon, sin faltar nunca al dibujo riguroso y el destello tenebrista inherente a su producción.

Son los rasgos fundamentales de la muestra retrospectiva que desde el pasado sábado se expone en la sala GH40. Una muestra integrada por cincuenta obras de varios formatos y articulada en varias secciones sin más conexión entre sí que la propia creación pictórica de Fernando Rubio desde 2008 hasta 2012.

"Esta muestra no tiene título, no tiene unidad temática, sino una serie de apartados", dice el pintor. Entre ellos, se muestra especialmente satisfecho de la serie Interior español, "que está inacabada, pero de la que expongo en la sala GH40 diez piezas".

Se trata de una cautivadora colección que pretende abordar "la idiosincrasia española, el misticismo español, la espiritualidad interna del carácter español", desde una visión muy contemporánea. Concretamente, se centra en piezas emblemáticas de Velázquez, Zurbarán o Murillo y las sitúa en espacios contemporáneos.

Para muestra, el cartel, en el que retrata a San Artaldo, el monje que pintó Francisco Zurbarán, divagando por la Tate Modern Gallery. "Estamos ante un personaje que anda despistado por una sala de exposiciones contemporánea en la que no encuentra su sitio", explica. Una sensación que ya retrataban los barrocos sevillanos: "la soledad, el misticismo, propios del carácter español y que resiste al paso de los siglos, pese a lo que muchos piensan", apunta.

En este apartado se inserta el retrato de Felipe IV, reflejado en un fragmento de espejo roto. "Es el espejo de España, de la elegancia rota que existía en la España de los Austria, por ejemplo".

La exposición también dedica una sección a Sevilla. A los rincones de la ciudad que le enamoró en plena juventud. Imágenes de la cúpula de San Luis de los Franceses, la capilla del Carmen del Puente Triana, el puente del Alamillo o del Quinto Centenario.

Otra de las visiones más innovadoras llegan de la mano de una serie de autorretratos. "Me retrato con aspecto pesimista y también me disfrazo para que en medio de este desolador escenario, la gente pueda reír", comenta medio en broma, medio en serio.

En sus autorretratos también homenajea a Velázquez, desde la figura de Francis Bacon. Así, utiliza la imagen del Cardenal Camilo Pamphili de Diego Velázquez para autorretratarse frente a otro cardenal "que me mira, que se avergüenza de todas las miserias recogidas en la poética de Bacon", expresa este pintor, que a su vez ejerce de profesor de literatura.

En definitiva, una muestra que aglutina el trabajo que Fernando Rubio viene desarrollando desde 2008, en estos cuatro años de trabajo que han dado mucho de sí, pero que no recogen la evolución pictórica de este verdadero maestro del arte figurativo. "La evolución no se aprecia en un periodo de tiempo tan corto", afirma, contundente. Y es que su obra ha pasado de una dinámica pictórica "más provocadora, rebelde y joven, a fin de cuentas, hasta una obra más serena y madura", profundiza este autor tan alejado de los circuitos expositivos y de las modas imperantes.

Una producción, por tanto, menos rebelde, pero cautivadora y sugerente desde la propia concepción pictórica hasta la variada temática que aborda.

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