Fronteras y carreras de fondo en la pantalla

El documental, a pesar de su primera naturaleza de transmisor de bocados de realidad, también puede considerarse una forma de arte que puede explorar sobre sus propias fronteras, como se demuestra en los tres primeros trabajos que nos ocupan. Feriantes, con su empleo del primerísimo plano con fondo de calle del infierno que habla por sí solo; El absurdo, con la ironía que proyecta el paso del tiempo; por último, Animalismo, por la desazón que trasmite su fotografía, acción, tema y sonido.

El resto del programa, en contraposición, incide en el carácter de reportaje periodístico del género, aunque no por ello exento de poesía. Así, La sonrisa escondida, con su dolorosa descripción atisba, sin embargo, un rayo de esperanza, mostrando tanto la miseria como la belleza etíope. En la misma línea, Entre pañuelos y sueños, resulta un ingenioso trabajo -con un acertado empleo tanto del vestuario y el atrezzo, como del guión o el ritmo- sobre una historia de superación relatada en primera persona.

De todo el bloque destaca, por circunstancias diversas, Ensayo de una revolución, quizás el estreno más esperado del festival, un corto muy grande dedicado a una realización local concreta del movimiento de ciudadanía universal emergente. Todo el montaje está cargado de un salada luminosidad, tanto en la fotogenia de este Cádiz viejo que se ha sacudido el derrotismo, como en el dinamismo de un montaje redondo o la claridad y calidad de la imagen, tanto de exterior como de interior. Destaca la capacidad de utilizar elementos de nuestra idiosincrasia sin caer en el tópico folklorista, el adecuado uso de la música y el humor en su justa medida, así como la exposición de individu@s anónim@s que, de forma particular en plano medio o en panorámica colectiva, demuestran que otro mundo es posible y que a esta revolución "le cabe tela", porque hay sitio para tod@s.

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