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El Festival San Miguel Primavera Sound bate todas las marcas

  • En tres extensas jornadas musicales destacaron la portuense Marina Gallardo, Grinderman, Kurt Vile, Einstürzenden Neubauten, Flaming Lips y Pere Ubu

El Festival San Miguel Primavera Sound 2011 cumplió con todas las expectativas y volvió a demostrar por qué es el evento musical más valorado por los artistas de todo el mundo. La organización se pudo colgar todas las medallas y el festival batió un nuevo récord de asistencia congregando a más de 140.000 personas a lo largo de tres jornadas de música y pacífica convivencia.

Asimismo, el Primavera Sound volvió a hacer suya esa leyenda que lo define como la congregación musical en la que se dan cita los grupos independientes de mayor calidad del momento.

Dejando a un lado todos los lugares comunes y las cifras, servidor se vio sobrecogido por el precioso recinto a la vera del Mediterráneo, el inmejorable clima y el exquisito trato, alejados de otros festivales patrios en los que lo habitual es levantarse en mitad de un barrizal con aspecto de campo de batalla.

El jueves, la portuense Marina Gallardo hizo arrancar el Primavera Sound haciendo frente a una serie de hándicaps que multiplican el valor de su magnífica actuación.

En primer lugar, empezó cuando el festival ni siquiera había empezado. Me explico: a las cinco de la tarde los asistentes aún estaban comprando sus entradas, bajándose de los aviones y tomando posiciones. Así que tuvo que enfrentarse a un vacío inicial que terminó convirtiéndose en un medio lleno a los tres cuartos de hora, cuando la última canción del repertorio levantó ovaciones y entusiasmos. Un tema nuevo que dará muchísimo que hablar.

En segundo lugar, ciertos problemas de naturaleza logística impidieron que los primeros asistentes pudiesen beber (ni agua, ni cerveza ni un triste refresco), lo que bajo el sol húmedo que arrancaba suspiros de auténtico sufrimiento afeó un concierto que brilló por su energía, y en el que la artista defendió los nuevos temas en los que trabaja con una destreza que sorprendió al más pintado.

El que escribe esto se multiplicó para asistir al mayor número posible de conciertos, pero como Dios es sabio y sólo me ha obsequiado con un par de piernas y un par de ojos únicamente puedo dejar constancia de lo que el azar y mis propios criterios me ofrecieron:

Unos P.I.L comandados por el legendario Johnny Rotten (Juanito Podrido, de los Sex Pistols) que hizo patentes sus limitaciones y demostró cómo vivir del cuento en un abarrotado escenario Llevant; la magnífica actuación de Suicide revisitando su primer y afamado disco; la irreverente y cuidada diversión de Montreal y esa extraña mezcla de música facilona y diversión sin fronteras que son los Flaming Lips, que terminaron rodeados en el escenario por decenas de fans aturdidos (entre los que se encontraban nuestros estimados Ledatres).

Aunque lo más destacado de la jornada fue, sin ninguna duda, la actuación de Nick Cave al frente de su penúltimo proyecto Grinderman. El predicador australiano levantó a todos los presentes (unas cuarenta mil personas) a golpe de personalidad sobre un escenario que se le hizo pequeño a cada zancada y cada berrido. "Quiero relajarme", gritaba imprecando a un público que se entregaba al último genio vivo de la música independiente.

El día siguiente, viernes para más señas, hizo aparición sobre la faz del festival el verdadero protagonista del evento: el atleta postmoderno, el nuevo corredor de fondo que se alimenta de perritos calientes, utiliza el whisky como combustible y se dopa sin remedio para estar a la vez en todos los conciertos sin desfallecer.

En el escenario principal (San Miguel) defraudaron un excesivamente roquero M. Ward y la languidez de Belle And Sebastian, que sólo salieron airosos de su interpretación de los viejos temas de If You Are Feeling Sinister. Ahora bien, grandioso el retorno de Pulp, que dedicó su himno Commom People a los apaleados del 15M y que filmó la pedida de mano de una pareja.

Geniales los Pere Ubu en el escenario Ray-Ban, que hicieron un post-punk de calidad que más quisieran los P.I.L., así como los Deerhunter, que llenaron hasta los topes el Llevant.

El sábado, última parada importante del festival, estuvo marcado por dos hechos: por un lado el palpable cansancio del atleta postmoderno, al que empezaba a desdibujársele la cara de tanto perrito caliente; por el otro la final de la Champions, que hizo que la organización del concierto decidiese acondicionar el escenario Llevant para que los barcelonistas pudiesen ver la victoria de su equipo con tranquilidad.

Poco dado a este tipo de excesos, aproveché el partido para ver sin agobios a los amables y en ocasiones brillantes Fleet Foxes mientras me preparaba para la auténtica estrella de la jornada: Kurt Vile.

El público patrio se decantó por los geniales Einstürzenden Neubauten, pero la mayor parte de la asistencia foránea (que celebró el gol del Manchester United) se vino abajo con el concierto del músico de Filadelfia, que se paseó con igual convicción entre los sonidos contundentes del rock espacial que lo han hecho famoso y el folk de altísimo calado de It's Alright o My Time. Cerró con una grandiosa versión de Freak Train.

A continuación, Swans terminó con las pocas neuronas sanas que le quedaba a la mitad del personal y PJ Harvey dio un concierto lleno de altibajos en el que brillaron los temas de To Bring Yoy My Love.

Animall Collective, por último, sacrificaron cualquier concesión a la inteligibilidad y se mercaron un concierto grueso, enfangado, desbordante y completamente excesivo para ir cerrando una nueva edición del festival de festivales.

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