Escenografía del recuerdo

A principios del presente siglo el panorama artístico sevillano atravesaba un desánimo casi tan contundente como el que hay ahora. Existía un ansia desmedida por buscar nuevas rutas que condujeran a horizontes más diáfanos y lúcidos. Aunque la ciudad entró en una dinámica cultural con más enjundia y lo artístico fue conformando la infraestructura que actualmente tiene -aunque ya no existen muchos de aquellos espacios donde se gestó la realidad, ya con las galerías Juana de Aizpuru, Pepe Cobo, Cavecanem, Concha Pedrosa, Murnau y, últimamente, Isabel Ignacio, con sus cierres echados-, la creación, apenas, había movido sus esquemas heredados de los años 80. En aquellos primeros años de la actual centuria apareció un grupo con nuevos, muchos bríos y bastante espíritu transgresor. Era la Richard Channin Foundation, cuyos integrantes eran Juan del Junco, Fer Clemente y Miki Leal. Los tres muy buenos artistas, con una capacidad ilusionante muy grande y, además, capaces de entusiasmar. Poco a poco sus proyectos se abrían camino dejando una estela de jocoso regusto y abierta intencionalidad. Más tarde, cada uno de su fue abriendo camino por solitario y desarrollando particulares postulados de suma artisticidad. De esta manera, el sevillano Miki Leal entró en uno de los espacios pictóricos más interesantes del momento, formulando un nuevo sentido a la pintura figurativa y aportando unos desenlaces plásticos y estéticos con la realidad estableciendo nuevas posiciones y desarrollando asuntos con muchos planteamientos de muy dispar naturaleza significativa.

La exposición que presenta Rafael Ortiz nos plantea la personalísima obra de Miki Leal, testimonio absoluto de una escenografía del recuerdo. Una serie de imágenes rescatadas del patrimonio existencial del artista sirven de base conceptual para una pintura que promueve desarrollos emocionales desde los escuetos desenlaces ilustrativos. Con ellos configura breves esquemas representativos, a veces en solitario, a veces en registros colectivos, que transportan a un universo de pretéritas cercanías. Realizadas con esa gran economía de medios que siempre caracterizó la obra del joven artista sevillano, las pinturas, a modo de affiches o carteles de la memoria, plantean mediatas evocaciones de una realidad que él somete a los volubles y arbitrarios postulados de un pasado que forma parte de su más entrañable imaginario.

El artista nos presenta escenas iniciáticas, mínimos ejercicios de evocación que marcarán caminos a seguir hasta llegar a nuevos parajes donde lo representado encontrará una nueva función. Y es que la realidad de Miki Leal posibilita mucho más de lo que la mirada abarca; nos sitúa en un universo de presunciones, de registros que transitan por lo presente y lo ausente, por lo que se observa y por lo que se adivina. Por eso, la obra de este autor es siempre una experiencia inesperada, una realidad cuestionada, un recuerdo que fue y que ya sólo admite una mirada comprometida por el tiempo y la distancia.

La nueva exposición de Miki Leal nos conduce por la diferente pintura de uno de nuestros más significativos artistas. Un autor que hace diferente la traslación de la realidad a un soporte pictórico y que patrocina una figuración llena de matices, de arbitrarios planteamientos representativos y de muy buenas circunstancias significativas. Es, Miki Leal, un pintor siempre esperado.

Galería Rafael Ortiz Sevilla-

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