Dentro de la "embajada flotante"

  • 'La vida a 5 nudos', el documental del sevillano Alejo Moreno sobre la vida y los quehaceres diarios en el buque escuela de la Armada 'Juan Sebastián Elcano', se estrena hoy en Sevilla.

En una primera travesía desde Cádiz hasta Tenerife, e inmediatamente después en una segunda que partió de Santo Domingo para recalar en Nueva York, durante casi un mes en jornadas agotadoras de "prácticamente 24 horas" para aprovechar al máximo el permiso "inédito" que les concedió el Ministerio de Defensa, Alejo Moreno y Laura Gómez Vega se embarcaron cada uno con una cámara en el buque-escuela Juan Sebastián Elcano para documentar la vida y los trabajos cotidianos en la nave. Ese bergantín-goleta de cuatro mástiles, 20 velas y más de 3.000 metros cuadrados de superficie que ejerce de icono mayor de la Armada española, y por extensión como "bellísima embajada flotante" del país, como lo define Gómez Vega, productora, guionista y también operadora de cámara del documental La vida a 5 nudos.

La película, que ha sido dirigida por el sevillano Alejo Moreno, se estrena hoy a las 20:30 en el cine Avenida y en principio en un único pase, aunque sus responsables no descartan organizar más si el público responde bien. Así ha ocurrido ya, por ejemplo, en El Puerto de Santa María, donde se presentó con anterioridad, y en cuyos cines del centro Bahía Mar se ofrecerá esta tarde una nueva sesión, también a las 20:30, debido al interés mostrado por el público de la población gaditana. "Decidimos ser conservadores, por decirlo así, y estrenarlo poco a poco escogiendo bien los sitios para hacerlo, porque al fin y al cabo se trata de un documental. Ahora lo estamos presentando en sitios con tradición naval importante y de momento está funcionando bien", dice Gómez Vega, que tras conseguir el ineludible beneplácito de la Armada ofreció a Moreno dirigir este documental para dar a conocer "cosas que tienen un gran valor, pero que no son tan conocidas como deberían porque desgraciadamente vivimos de espaldas al mar".

Y Moreno, sevillano afincado en Madrid, donde trabaja desde hace casi una década como redactor del programa de La 2 Días de cine, aceptó la propuesta inmediatamente, seducido por el reto de capturar con sus imágenes "el alma" de esa embarcación. En el intento, también se propuso "mirar a las personas más allá de los uniformes", y navegan en el Juan Sebastián Elcano más de 250 entre militares, futuros guardiamarinas del Ejército y profesionales contratados para tareas hiperespecializadas, continuadores de viejos oficios, "en los que se trabaja con las manos, que ya casi no existen y que imprimen carácter porque la mar se les mete dentro". Pero también procuró no olvidar, dice, que por encima de cualquier otra cosa "el protagonista de la película tenía que ser el barco".

Dice el director de La vida a 5 nudos que antes de rodar tenía "muy en mente el arranque de El acorazado Potemkin", la joya que filmó Sergei Eisenstein en 1925, "con esos primeros planos que para muchos son los mejores de la historia del cine", así como la obra en su conjunto de Frederick Wiseman, uno de los maestros indiscutibles del cine documental. "De él me interesa sobre todo su talante observacional, la manera que tiene de contar los procesos, y los procesos bien contados son importantes porque retratar un trabajo es retratar a quien lo hace", explica Moreno.

Con esos referentes ideales presentes, quiso hacer, mediante "herramientas cinematográficas entre las que se cuenta el montaje", que "fuera el propio barco el que hablara". Pero también que sus imágenes recogieran "las emociones que se viven en ese barco, y que acompañan durante toda la vida al que las vive, y ahora lo entiendo", y las "sensaciones físicas de estar ahí en el barco", más allá de la postal idílica y serena de la silueta del barco en alta mar, "tan bonito y tan blanco"... y tan alejada del trabajo duro y en muchas ocasiones peligrosa, como cuando los gavieros deben trepar hasta lo más alto de los 50 metros de altura de sus mástiles para revisar el estado de los cientos y cientos de pequeños engranajes de esa enorme máquina de navegar.

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