Dean Wareham: lecciones de 'post-punk' en La Bomba

Como no podía ser de otra manera, Dean Wareham, Britta Philips (al bajo y a las voces ocasionales) y Jason Lawrence (batería) ofrecieron un descomunal concierto de post-punk en el Aulario La Bomba. El trío estadounidense repasó lo más destacado de la historia de Galaxie 500 frente a un centenar de asistentes que corrieron a agolparse frente al escenario mucho antes de que la pareja y el batería se personasen sobre él.

La organización del evento, viéndoselas venir, eliminó las sillas del Aulario para que el público se dispusiese con mayor libertad en un concierto que se adivinaba ruidoso y apasionado, lejos de los pretéritos conciertos de folk que habían inaugurado el Campus Rock de este año y que invitaban a la calma y la meditación.

Si la celebridad o el valor de la música se pudiese calcular colocando sobre una báscula las cámaras de fotos y los móviles / cámaras de vídeo que portan los asistentes, se puede decir que Dean Wareham es un autor celebérrimo e indispensable. En ocasiones daba la impresión de que el público estaba más pendiente de captar el rostro del mítico Dean que de escuchar su guitarra y su voz.

Pero sólo fue un espejismo. Es cierto que el concierto empezó con cierta frialdad por parte tanto de los asistentes como de los intérpretes, que arrancaron con The flowers y siguieron con Temperature's Rising; pero la temperatura a ambos lados del escenario se fue incrementando a medida que el trío fue abandonando las meras canciones para adentrarse en el pantanoso terreno de las progresiones post-punk, los acoples y las distorsiones.

A los tres cuartos de hora de concierto, la extensísima Don't Let Our Youth Go To Waste arrancó las primeras ovaciones de la noche y demostró por qué Galaxie 500 son uno de los grupos más importantes de la historia del rock.

Dean Wareham ofreció un recital de voz y guitarra, paliando sus limitaciones vocales con una genial capacidad interpretativa que inquietó a más de uno con unos agudos chirriantes que taladraban el tímpano. Britta, por su parte, se limitó a calcar los bajos de Joy Division, mientras que Jason Lawrence se dedicó a recordarnos que Moe Tucker (batería de The Velvet Underground) es la responsable de los ritmos más influyentes en la música contemporánea.

Con The Snow Is Falling Britta Philips se hizo cargo de la voz para dejar que Dean se explayase con unos punteos y unos acoples que convirtieron una simple balada en otra lección de post-punk y progresión, y con Tugboat se despidieron tras una hora larga de concierto.

Claro que volvieron al instante entre aplausos y vítores para promocionar el nuevo disco de Dean & Britta, 13 Most Beautiful..., y despedirse definitivamente de Cádiz con una magnífica versión de Ceremony, de los Joy Division.

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