Crítica cultural antológica

Hay cronistas de la cultura babosos, alambicados, que dictan con su inútil arte sentencias que nadie entiende, y equidistantes, tan asépticos que sus crónicas saben a menú de hospital. Hay otro tipo más entretenido, divertido y cumplidor de su función, la de acercar el mundo de las letras y las artes a los ajenos pero algo interesados. David Roas (Barcelona, 1965) pertenece a este tipo. Y las 48 crónicas mensuales aquí reunidas informan, forman un criterio y hacen reír. Impagables las que cuentan una aburrida conferencia de Derrida, una charla del circense Arrabal y la ¿adaptación? del Dr. Jekyll y Mr. Hyde perpetrada por Raphael, o la que analiza una presunta novela de Prada. El arpón de Roas, en la estela del añorado dardo de Lázaro Carreter, hasta cuando no acierta parece tocado por la gracia.

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