Claves para crecer en sabiduría

  • Las historias infantiles que funcionan son los que funcionan también entre los adultos. Pep Molist analiza en 'Dentro del espejo', las tramas y autores que convierten a un relato en un clásico

Pueden tener problemas con la tabla del siete pero eso no quiere decir, ni por asomo, que los niños sean tontos. Y tal vez no haya mejor prueba de esto que el hecho de que un buen libro infantil termina gustando también al público adulto.

"La literatura infantil y juvenil y la de adultos han de ser lo mismo, han de partir de los mismos mecanismos -confirma Pep Molist, autor de Dentro del espejo. La literatura infantil y juvenil contada a los adultos-. La gran diferencia entre una franja y otra quizá sea la concisión: una y otra dicen las mismas cosas, pero la infantil ha de adaptarse a su lector".

El 'insulto a la inteligencia' es uno de los peligros en los que puede caer la literatura infantil y juvenil y, de hecho, las historias con más aceptación son aquellas que tratan a esos lectores de igual a igual: "Los libros para niños -insiste Pep Molist-han de tener un alto nivel de exigencia, ya que estamos formando a los espectadores y lectores del futuro".

Otro de los clichés defectuosos asociados a la literatura infantil es considerarla una literatura menor, de segunda división. "Una etiqueta que la aleja de muchos lectores adultos, porque crees que es algo ajeno a tu persona, y nos perdemos muchas lecturas de calidad por eso. La realidad, sin embargo, nos dice que los libros rompen cualquier etiqueta que les pongamos", dice.

De hecho, una de las constantes en la literatura para los más jóvenes es el juego continuo que se da entre fantasía y realidad. Un juego que, más depurado y en la literatura adulta, se considera un ambicioso truco literario. Mezclar y crear mundos paralelos es el guiño definitivo, es el juego: una estupenda metáfora de lo que es en sí la lectura: "Mezclarnos con otro mundo es lo que busca cualquiera cuando se acerca a un libro -apunta Pep Molist-. Nos gusta esa capacidad que tienen los libros para transportarnos y llegar a ser otros. Y, aunque también hay mucha historia puramente realista en la literatura infantil, lo cierto es que las mejores novelas son las que tratan estos mundos y los comunican".

De esos títulos referentes habla, precisamente, Pep Molist en Dentro del espejo, un volumen en el que realiza recorrido exhaustivo por los títulos puntales de la literatura para niños. Un estudio realizado teniendo en cuenta dos factores fundamentales: que fueran títulos que hubieran funcionado a lo largo de los años, a través de distintas generaciones de niños y jóvenes y "que sirvieran también para explicar la literatura infantil, que respondiesen a parámetros o ideas que se pudiesen explicar". Para Molist, el puente literario entre el mundo infantil y el adulto podría muy bien estar formado por los títulos clave de la literatura fantástica, la gran salvadora de los lectores cuando llega la adolescencia: "Aunque, de hecho -apunta- la novela juvenil de calidad no tiene gran diferencia con la novela de adultos. Como demuestra muy bien, por ejemplo, El guardián en el centeno".

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