Cine hecho con cabeza y manos: el triunfo del talento y la artesanía

Drama, España, 2012, 107 min. Dirección: Juan Antonio Bayona. Guión: Sergio G. Sánchez. Intérpretes: Naomi Watts, Tom Holland, Ewan McGregor, Marta Etura, Geraldine Chaplin, Oaklee Pendergast, Samuel Joslin, Dominic Power, Sönke Möhring, Olivia Jackson, Natalie Lorence. Fotografía: Óscar Faura. Música: Fernando Velázquez. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Las Salinas, Victoria, Al Andalus, Yelmo, Ábaco San Fernando, Multicines Jerez, Cinesa Los Barrios.

A finales de los años 20 y en la primera mitad de los 30 directores como Elías o Perojo intentaron crear una especie de Hollywood sobre el Manzanares. Se trataba de aplicar un estilo internacional -que en realidad era el americano- que diera a temas españoles un tratamiento moderno y competitivo en taquilla. En los años 50 y principios de los 60 directores como Forqué, Lazaga, Joaquín Luis Romero Marchent o Palacios buscaron lo mismo, aclimatando géneros americanos -negro, comedia moderna, hasta western antes de la explosión Leone- a nuestro país. En los años 60 directores como Rafael Romero Marchent, Ibáñez Serrador o Isasi Isasmedi intentaron filmar de acuerdo con ese estilo internacional películas comerciales que cumplieran el largo sueño de nuestro cine: conquistar al público español con estrategias americanas y saltar al mercado internacional por el que, con la excepción de Buñuel, sólo circulaban los autores -Berlanga, Saura, Erice, Trueba- en los circuitos de arte y ensayo.

Este sueño comercial con proyección internacional no se ha alcanzado -el caso Almodóvar y los taquillazos de Segura son cosas aparte- hasta los (muy distintos entre sí) Amenábar, Alberto Rodríguez, Rodrigo Cortés, Monzón, Balagueró, Fresnadillo o el Juan Antonio Bayona que hoy nos ocupa. Algunos han logrado lo que parecía imposible no hace tantos años: dirigir con estrellas de Hollywood, al modo de Hollywood y con la proyección internacional que sólo Hollywood puede dar. Para ello han tenido que adoptar ese estilo internacional que, a estas alturas de la historia del cine, poco tiene que ver con el que adoptaron -o adaptaron a su medida- un Curtiz, un Wilder, un Lang, un Hitchcock o un Lean (por mencionar algunos grandes europeos que trabajaron en o para Hollywood).

Lo imposible es una apuesta histórica para el cine comercial español: 30 millones de presupuesto (muchísimo para nosotros, poco para Hollywood) que el talento del director y del equipo hacen parecer el triple, reparto encabezado por dos nombres grandes del cine americano que además son excelentes actores, distribución en España de 420 copias en 633 pantallas, distribución internacional a gran escala, recurso al género de catástrofes y efectos especiales… ¿Responde el resultado a estas expectativas? Comercialmente debería hacerlo: es un producto técnicamente irreprochable, que ofrece mucho más espectáculo que películas americanas con presupuestos mayores, con sobrecogedoras secuencias de asombrosa espectacularidad y una historia real llena de emociones. Ya veremos. Le deseo lo mejor: se lo merece.

Desde el punto de vista cinematográfico también supera Bayona el desafío. Lo imposible alcanza ese sueño de la gran película comercial española rodada en un estilo internacional agresivamente competitivo y espectacularmente sobrecogedor. En su largo arranque se define como una de las mejores películas de catástrofes jamás filmadas. Y esto no quiere decir sólo medios, sino sobre todo inteligencia cinematográfica por parte de Bayona. Hemos visto en estos últimos años mucha cascarria cara. En la larga, terrorífica y apabullante recreación del tsunami se juega con inteligencia a ir y venir de lo general a lo particular, haciendo que el espectador quede aterrorizado por la sensación de realidad y angustiado por su identificación con las situaciones de personajes concretos.

Los muchos medios ahogan a los directores mediocres, como si el presupuesto y el departamento técnico fueran un tsunami que los arrollara, reduciéndolos a meros coordinadores. Bayona los controla. Dirigir y editar esta apocalíptica, técnicamente compleja y cara recreación del caos requiere un enorme talento y una no menor seguridad en sí mismo. Bayona surfea sobre la inmensa ola técnica sin dejarse atrapar por ella, pone los medios al servicio de lo que quiere mostrar y contar. Y ambas cosas las hace admirablemente. La recreación del tsunami será al cine de catástrofes lo que el arranque de Salvar al soldado Ryan al bélico por su capacidad para sumergirnos -nunca mejor dicho- en la salvaje brutalidad de los hechos. Mezclando sabiamente lo digital, la realidad de los grandes decorados y el uso de las maquetas, Bayona y su equipo hacen sensorial lo digital, dándole peso y volumen, hasta borrar toda impresión de falsedad tecnológicamente tramada para devolvernos la fascinación y el asombro (en este caso terrorífico) a través de la artesanía.

Tras el tsunami el director sólo tiene las bazas del guión y los actores. El primero ha de enfrentarse al reto (prácticamente insuperable, es verdad) de mantener, en lo emocional, el tono que en lo espectacular tiene el arranque. Eastwood lo logró en Más allá de la vida porque la catástrofe -el mismo tsunami de 2004- era sólo un pretexto narrativo. Aquí es el centro absoluto en su desarrollo y sus consecuencias. Se le puede reprochar intentar rivalizar con el tsunami meteorológico desatando cada dos por tres tsunamis emocionales, pisando hasta el fondo el pedal melodramático. Pero el reproche se suaviza por las buenas maneras cinematográficas -muy spielbergianas- con que se hace; y sobre todo por las grandes interpretaciones de todo el reparto, encabezado por un espléndido Ewan MacGregor y por la siempre grande Naomi Watts, que logran dan verdad humana a los personajes superando el escollo del exceso sentimental. O por lo menos no naufragando en él. Decisivo es el trabajo de los niños Tom Holland, Samuel Joslin y Oaklee Pedergast, soberbiamente dirigidos, en esta difícil travesía por el siempre peligroso mar del melodrama extremo.

¿Hacerse americano para triunfar en el mundo se puede considerar un éxito del cine español? En este caso sí. Porque Bayona aporta un valor muy personal, nunca antes visto, a algo mil veces filmado a lo largo de la historia del cine, muy especialmente en estos últimos años. Y no es cuestión de medios, insisto, sino de talento para usarlos, de sabiduría cinematográfica, de sentido de la imagen, de artesanía del cine.

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