Cien obras que reflejan los mundos paralelos del pintor Enrique Gran

  • Dos salas del castillo de Santa Catalina acogen hasta el 17 de mayo una completa exposición del artista cántabro · Con la muestra se inician los actos por el décimo aniversario de su muerte

El pintor Enrique Gran (Santander, 1928-Madrid, 1999) era alérgico a la pintura. Lo cuenta Juan José Millás en un delicioso artículo, marca de la casa, que escribió una semana después de su muerte y que se reproduce para gozo de quienes disfrutan de sus reflexiones en el catálogo de la exposición del pintor cántabro que ayer se inauguró en el castillo de Santa Catalina de Cádiz: un centenar de obras pictóricas que se convierten en la "exposición más completa" de las organizadas este año con motivo del décimo aniversario de su muerte, según explicó ayer Begoña Merino Gran, sobrina del pintor y comisaria de la exposición. Los mundos abstractos de Gran -"mundos paralelos que no vemos, pero que se podrían ver", en palabras de Francisco Nieva- podrán contemplarse en Cádiz hasta el 17 de mayo.

Dos salas del castillo albergan la muestra Universo Gran, que empieza sin embargo a hacerse notar en el césped de Santa Catalina, donde se ha escrito con flores el nombre del pintor. Una de las salas, como señala Begoña Merino, acoge los paisajes de Enrique Gran, una producción más "monumental", con cuadros de mayor tamaño en los que se intuye un proceso pictórico muy personal, con la abstracción como protagonista y con diversos periodos y etapas marcados por el uso del color. En la otra sala se puede contemplar, explica Merino Gran, una producción más íntima, reunida bajo el título de Figuras enigmáticas: "Esta es una exposición que mi tío estaba preparando cuando murió, era una selección de su obra, quizás menos conocida, porque de él se destacaban sus paisajes, pero creo que es una selección muy auténtica, como si fueran las tripas del pintor".

En esta parte de la exposición, que Begoña Merino recorrió junto a la alcaldesa, Teófila Martínez, en la visita que sirvió de presentación a la prensa, hay incluso un retrato de la madre de la comisaria de la exposición, ante el que Begoña Merino recordó cómo su tío, cuando era niño, empezó a pintar en su casa de Santander con los carbones de la cocina, y que fue la atracción que sentía por el mundo del cómic lo que le hizo viajar a Madrid para dedicarse al mundo del arte.

Algo de ello recordaba también en la presentación Teófila Martínez -acompañada de Antonio Castillo, concejal de Cultura, y Carmen Montes, responsable de las exposiciones en Santa Catalina- cuando mencionó que en la capital de España Enrique Gran trabó pronto amistad, artística y personal, con otros creadores con los que coincidió en la Academia de San Fernando como Lucio Muñoz o Antonio López, con el que protagonizó algunos de los mejores diálogos de la película El sol del membrillo, de Víctor Erice, algunas de cuyas escenas se pueden ver en la exposición de Cádiz.

A la alcaldesa, por cierto, se le notaba cierto orgullo, si no emoción, cuando presentaba a la prensa gaditana la obra de un paisano suyo que ocupa, además, un lugar destacado en el panorama artístico español del siglo XX. Incluso se mostró cercana al pintor cuando comentó su participación en la bella película de Erice y Antonio López. "A quienes lo conocíamos nos sorprendió, porque él no tenía interés en aparecer por ningún sitio; estaba dedicado a su arte, su familia y sus amigos. Esta exposición sirve para redescubrir a Gran, rescatar su modestia, que también ha impregnado estos diez años sin él".

Encuadrado artísticamente en la abstracción, Begoña Merino citó a Francisco Nieva para explicar la obra de su tío: "Nieva le consideraba un realista fotográfico de mundos paralelos, que no vemos, pero que podrían ser. Cualquier pintura de las que vemos aquí podría servir para ilustrar un libro de física cuántica".

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