La 'Blancanieves' ibérica de Pablo Berger cautiva en San Sebastián

  • La película, con Maribel Verdú en el papel de madrastra, se confirma como una de las cintas de la temporada tras la gran acogida que tuvo en el Festival de Toronto

Una Blancanieves muy peculiar envenenó ayer al Festival de San Sebastián al no contar el cuento de siempre, ya que la osadía de Pablo Berger es abordar el relato de los hermanos Grimm desde una óptica ibérica, torera, muda y en blanco y negro que fue ovacionada y ya suena a premio.

"Quiero ser un hipnotizador. Cuando cuente tres, dos, uno... vais a entrar en el mundo de Blancanieves y que no salgáis hasta que diga ya", dijo Berger en una rueda de prensa donde se pudo palpar que su operación ha sido un éxito y en la que estuvo rodeado de todo su reparto: Maribel Verdú, Ángela Molina, Inma Cuesta, Daniel Giménez Cacho y Macarena García.

De todos ellos, y contradiciendo al cuento, la más bella del reino o, al menos, la que acaparó todas las miradas y los aplausos, fue una villana de lujo encarnada por Verdú. "Es una madrastra top model, la única que no quiere ser la más bella, sino la más famosa. Es un personaje patético, como muchos de las revistas del corazón. Sólo quiere cambiarse de peluca y de vestido. Las de Charlize Theron y Julia Roberts son maravillosas, pero ésta lo es más", concluyó Verdú, visiblemente satisfecha con su interpretación.

Berger, que definió el look de su película con la etiqueta de "Hollywood ibérico", ha invertido años en una película que se gestó en 2005 y por la que ha luchado contra viento y marea. "Si hubiese sido productor y hubiera llegado un guión como éste, con una primera página diciendo que es una película muda y en blanco y negro, con enanos toreros, también habría pensado que era obra de un loco", reconoció el director, que debutó con Torremolinos 73 y no había vuelto a rodar desde entonces.

Esta Blancanieves, que además de optar a la Concha de Oro está preseleccionada para representar a España en los Oscar y en los premios Ariel -sus creadores sabrán si es la elegida el jueves, un día antes de su estreno en salas-, cambia la voz del cuento, la lleva a los cortijos andaluces de los años 20 del siglo pasado, tiene seis y no siete enanos e introduce flamenco y corridas de todos, además de eliminar cualquier elemento fantástico. "Por un lado es un cuento de cuentos. Hay elementos de Caperucita, de Dickens, de Oliver Twist... pero por otro lado, quería darle verdad y un realismo que tuviera emoción", dice un director que desde que vio en este mismo festival en 1986 Avaricia, de Erich Von Stroheim, siempre había deseado hacer una película muda.

"Todo el cine se inventó en los años 20, con Murnau, Dreyer o Gance. Lo que pueda parecer moderno o contemporáneo no lo es", aseguró el director, algo azorado por el hecho de que se le haya adelantado The Artist, en lo silente, y Hollywood, con sus dos versiones del mismo cuento. "Creo que puedo adivinar el futuro", bromeó. Pero ayer, Berger sacó pecho con su original propuesta, aupado además por la buena recepción que tuvo en Toronto y animado por la sentencia que lanzó Maribel Verdú: "Ha tenido que llegar un director de Bilbao y hacer la mejor de todas".

La ganadora del Goya por Siete mesas de billar francés se mostró encantada con el silencio y la maldad. "Llevo 25 años de carrera sufriendo, llorando, matando, muriéndome... me ha encantado ser mala sin pedir perdón", confesó.

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