Apasionante imaginario

Carlos C. Laínez es uno de los artistas gaditanos con un lenguaje más personal de cuantos existen por nuestra zona. Lleva mucho tiempo realizando una obra donde se funden varias circunstancias. En primer lugar ilustra una realidad mediata; consigue extraer del entorno lo más sustancial y llamativo, envolviéndolo de una feliz manifestación, llena de ironía y amable trascendencia. Al mismo tiempo, carga de fina poética y de bellos perfiles representativos una humanidad que él hace indiscutiblemente suya.

Las últimas comparecencias de Carlos C. Laínez nos dejaron el sabor de esa pintura tan personal e intransferible. Fueron aquellos oficios imposibles, remotos trabajos que trascendían una pararrealidad aderezada de sustanciosas ofertas y a los que ponía su infinita calidad de sublime poética el verbo dulce y exacto de Josefa Parra. También aquella mitología donde el clasicismo eterno se intercalaba en medio de una moderna iconografía llena de suntuosa inmediatez. Por último su animalario gatuno inundado de exquisitez y pulcritud pictórica.

Ahora, Carlos C. Laínez yuxtapone su pintura primera más esencial y esquemática a esta última de mayores exhuberancias pictóricas. Juega con su característica figura humana, que la hace más escueta y simple, pero dotada de contundentes registros expresivos y le añade su sabio toque distintivo de elegante escenografía y acertada conjunción de elementos ilustrativos.

Los personajes del pintor jerezano, afincado en Chiclana, son cercanos dentro de su lejanía pictórica, convencen por su determinante delicadeza, por su festiva ironía sin excesiva crudeza, por su meditada concepción ilustrativa donde tienen cabida los más insospechados registros, extraídos de esa realidad a contracorriente tan de Carlos C. Láinez y que nos transporta a un universo de imposibles cuya cercanía se presiente y se hace feliz concreción.

Vuelve Carlos C. Laínez a conducirnos por su laberinto de jugosas ilustraciones. Sus hombres y mujeres nidos, sus ángeles de la guarda, sus historias apenas esbozadas para que el espectador continúe su relato y les dé un final feliz, sus personajes de papel sacados del imaginario festivo y lleno de intencionalidad que el pintor pone en el alma del doctor Sloan -autor de imposibles, mago inventor, sanador de cuerdos majaretas y creador de utensilios para personas inútiles- nos plantean esa historia de cercanos absurdos que salen del apasionante ideario estético de un Carlos C. Laínez, ese loco maravilloso capaz de convertir en realidad cualquier situación de remota significación.

De nuevo nos encontramos con el lenguaje único de Laínez, con su universo de imposibles, con fluidez pictórica y con su particular sintaxis de jugosas construcciones.

Museo Paquiro Chiclana

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