"En Andalucía, Machado descubrió que su salvación era la palabra"

  • La escritora Fanny Rubio explica en 'Baeza de Machado' cómo el poeta fue definiéndose tras la muerte de su mujer. Un acercamiento que la autora presenta esta tarde en el Teatro Moderno de Chiclana

Antonio Machado llegó a Baeza justo después de la muerte de su esposa Leonor. Allí permaneció durante siete años. Un periodo, de 1912 a 1919, en el que el poeta sevillano se dedicaría a rehacerse. A superar la pérdida, a recuperar anclajes, a definirse como escritor y persona. Así lo explica Fanny Rubio en Baeza de Machado, título que la autora presenta esta tarde en el Teatro Moderno de Chiclana, invitada por la Fundación Fernando Quiñones.

"Baeza -recalca la escritora- supuso un gran cambio en Machado como poeta y como persona. La muerte de Leonor lo destroza y, recién llegado, confiesa que lo único que ha evitado que suicide es el éxito que tuvo Campos de Castilla".

El primer impacto, además, es tremendo. En cartas a Juan Ramón Jiménez, Machado habla de "una ciudad de mendigos y señoritos arruinados con la ruleta". Sólo hay una librería "en la que se venden postales, devocionarios, periódicos clericales y pornográficos". Cuando Juan Ramón Jiménez le pide una fotografía para ilustrar la edición que está preparando, Machado le contesta que en el pueblo no hay fotógrafo.

"En esa época, Machado se dedica a leer filosofía y va entendiendo la poesía como un destino, no como una profesión -explica Fanny Rubio-. Desarrolla su teoría de los sentimientos, de la desesperanza, de la melancolía, de los recuerdos... y va realizando su comparación entre Soria y Baeza, en homenaje a Azorín".

"Machado irá elaborando a través de la palabra sus sentimientos y emociones -continúa Fanny Rubio-. Primero, pasará una etapa sin escribir y, cuando de nuevo vuelva a la creación, se dará cuenta de que su salvación es la palabra. Entonces empezará a mirar el paisaje y a nombrarlo, convirtiendo al olivo en símbolo de supervivencia".

En la alta Andalucía, Machado recupera su identidad y se agarra, en ese proceso de afirmación, a sus amigos, a los mitos y a la fe en el progreso: "Influido por Giner de los Ríos, Machado desarrolla un fuerte compromiso social y una idea de esperanza en el futuro -prosigue Rubio-. Da clases de francés pero, sobre todo, cree que se puede enseñar el bien. Confía en el progreso, en las ideas de compromiso y lucha".

Azorín, Juan Ramón, Unamuno. La tríada de referentes, humanos y literarios, para Machado."Es curioso que tengamos esta idea de Juan Ramón Jiménez como el poeta solitario y ensimismado, cuando ése es Machado -explica Rubio-. Es a él a quien más se confía Machado, y es Juan Ramón Jiménez quien le edita su libro, el que está pendiente, quien le repasa las galeradas..."

En el año 14, Machado asiste en el Ateneo a una conferencia de Miguel de Unamuno, al que acababan de destituir como rector, "algo que le ocurrirá a él también, tras la Guerra Civil -apunta la escritora-. Entre todos, poco a poco, van creando ese tejido de personajes contestatarios que servirán de modelo durante los cincuenta años posteriores".

Los años en Baeza coincidirán, además, con la I Guerra Mundial. "Machado publica el ensayo España en paz, en el que pide que el país se mantenga neutral, pero en el que ve también su inclinación anglófila. En mi rincón moruno, mientras repiquetea/el agua de la siembra bendita en los cristales,/yo pienso en la lejana Europa que pelea,/el fiero Norte, envuelto en lluvias otoñales..."

"Poco después, comienzan los rumores de que se está enamorando de una señorita de Baeza... -comenta Rubio-. Creo que es muy significativa la visita que, por entonces, realiza un jovencísimo Federico García Lorca, de excursión con sus compañeros de colegio. Por una parte, Lorca le caerá bien pero, por otra, no le gustará nada porque... ¡se lleva con él a las niñas del instituto! Niñas que iban a merendar a su casa, con Machado y su madre, ¿eh? Así que Antonio Machado descubre dos cosas: lo pesado que puede ser un niño caprichoso, como entonces era García Lorca, y que las niñas siempre van a preferir irse con el entretenimiento más joven. Quizá eso le dio el empujón para irse".

"La población rural está encanallada por la Iglesia-llega a afirmar Machado en una de sus cartas -. Hasta los mendigos son hermanos de una cofradía".

"Cuando escribe la Saeta, Machado dice que no quiere al Cristo del madero sino el que anduvo en la mar -indica Fanny Rubio-. No quiere los elementos supersticiosos de la religión, sino su imagen liberadora... y es que la Iglesia que se encuentra es tremendamente opresora, la gente parece estar sometida, con muchas ganas de castigarse...¡y él viene del Modernismo, del concepto de placer! Sin embargo, hay una relación entre el valor fraterno cristiano y la fraternidad de la Ilustración que le hace pensar en la posibilidad de que pudieran juntarse esas dos fraternidades... Machado es, precisamente, uno de los poetas que más hablan de Dios por este concepto de fraternidad cristiana. Es ahí donde se muestra el Antonio Machado conciliador, y nos ofrece bella lección".

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