Alegría en tiempos de crisis

XXIX Festival Internacional de Música 'A orillas del Guadalquivir' de Sanlúcar de Barrameda. Programa:Sinfonía nº 9 en re menor, op. 125, 'Coral', de Ludwig van Beethoven. Orquesta y Coro del Teatro Filarmónico de Donetsk. Solistas : Anna Usova (soprano), Ana Maksudova (mezzosoprano), Segey Udovin (tenor) y Yuiri Alexeichuk (bajo). Director : Sergio Alapont. Fecha: Martes, 4 de agosto. Lugar: Auditorio de la Merced, Sanlúcar de Barrameda. Aforo: tres cuartos.

Que en los tiempos que corren, cuando con el pretexto de la crisis en todos los lados se recortan los presupuestos para la Cultura, un festival de música clásica alcance en Andalucía su edición número veintinueve es para felicitarse. Más allá de los negros nubarrones, de las congojas de última hora y de las incertidumbres de futuro, el esfuerzo del Ayuntamiento sanluqueño y de Juan Rodríguez Romero, alma artística del certamen, han traído de nuevo la mejor música al mejor entorno.

Tras la apertura del festival el día 3 con un irregular concierto a cargo de la Orquesta de Cámara Andaluza, los conjuntos coral y sinfónico del Teatro de Donetsk intrepretaron en la segunda velada la inmortal Novena. La orquesta suena con contundencia y buen empaste, sabe atacar con conjunción y precisión y presenta una notable flexibilidad a la hora de plegarse a las indicaciones de la batuta. Alapont definió una versión densa y dramática de la música de Beethoven. No se durmió en tempi moderados sino que, al contrario, optó por ataques enérgicos y cortantes, por acortar al máximo aceptable los silencios y las pausas y por recrearse en los contrastes dinámicos. Puede que en ello influyese la acústica excesivamente redundante del auditorio, pero el caso es que en alguna ocasión pudo detectarse cierta confusión sonora rayana en la saturación como consecuencia del exceso de brío en la batuta en los finales del primer y cuarto movimiento. Muy espectacular le quedó, sin embargo, el Molto vivace, mientras que a algunos pasajes del Adagio molto e cantabile les hubiese venido bien algo más de contención y de morosidad.

El estupendo coro ucraniano dotó al famoso cuarto movimiento y a su inmortal Himno a la alegría de belleza sonora, empaste tímbrico y sonido siempre controlado incluso en las dinámicas más sosegadas. De entre los solistas destacaríamos la contundente y redonda voz del bajo Alexeichuk, así como los tonos heroicos, llenos de bravura, del tenor Udovin.

En definitiva, un sólido conjunto de músicos que el día 9 volverán a Sanlúcar para representar la ópera Carmen con todo el aforo ya vendido, lo que muestra el apoyo que los sanluqueñlos siguen prestando a su imprescindible cita veraniega con la Música.

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