"Tengo derecho a volver a mi país por todo lo que he sufrido"

  • El opositor al régimen considera que "los grandes cambios comienzan con detalles pequeños", por lo que está dispuesto a vivir en la isla la caída del castrismo

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El disidente y ex prisionero político cubano Héctor Palacios quiere regresar a Cuba a finales de julio, convencido de que los "grandes cambios empiezan con pequeños gestos", menos de dos años después de haber sido excarcelado y tras pasar varios meses en un hospital español.

"Yo regreso a Cuba, primero porque soy cubano y segundo porque me he ganado el derecho. Bastante he luchado y sufrido por mi patria", afirmó Palacios, de 66 años, uno de los 75 disidentes detenidos en la llamada Primavera Negra de marzo de 2003 y excarcelado en diciembre de 2006 por razones de salud.

Gracias a las gestiones del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el opositor cubano abandonó la isla en octubre pasado para ingresar en un hospital español, donde permaneció seis meses para ser tratado por sus serios problemas cardiovasculares.

Pese a su salud todavía débil, Palacios tiene ahora la intención de volver "a fines de julio" a su país, convencido de que "la lucha para el pueblo de Cuba hay que hacerla desde dentro y desde fuera, pero lo más importante, ahí donde se van a producir los cambios, es dentro".

El disidente asegura que "los gobernantes cubanos fueron obligados a hacer pequeños cambios", como los anunciados recientemente por Raúl Castro, que permitió, por ejemplo, el acceso a teléfonos celulares o a los hoteles, y sostiene que "los grandes cambios empiezan con pequeños gestos" Eso sí, el disidente no disimula su temor de volver a un lugar donde todavía tiene pendientes 21 años de cárcel, como explicó durante una reciente visita a Washington.

"Sí, tengo miedo, pero el deber hacia mi país lo supera y me da la energía necesaria como para regresar", explicó el fundador del grupo Todos Unidos, que confía en que la opinión pública internacional le proteja durante su peculiar viaje de regreso a la isla.

"Sería un bochorno no dejarme entrar porque soy sencillamente un ciudadano civil sin defensa", subrayó. Por tanto, si las autoridades cubanas impiden su entrada "sería un engaño más que la opinión pública internacional no permitiría. Ésa es la gran ayuda que tiene que darnos el mundo", exclamó. Tampoco descarta la posibilidad de que tenga que volver a la cárcel. "Injustamente, estuve casi cuatro años en la cárcel. Si tuviera que pasar un día más, sería un día injusto más y arriesgar mi vida. Es un riesgo que tienen que correr las autoridades cubanas igual que yo", advirtió.

Palacios, que dejó España para reunirse con los amigos y la familia en Miami, no figuraba entre los invitados al acto de solidaridad con los cubanos celebrado la semana pasada por el presidente estadounidense, George W. Bush, en la Casa Blanca, pese a ser el único disidente cubano presente en ese momento en la capital norteamericana.

Sus posiciones no coinciden con las de la Administración estadounidense. Aunque no pida el levantamiento del embargo aplicado contra Cuba desde 1962 para no "dar al Gobierno de Cuba un triunfo político que no merece", sí aboga por el diálogo y la supresión de varias de las restricciones instauradas por Bush en 2004, por ejemplo a las remesas y los viajes de cubanoestadounidenses. "Sin diálogo, no hay cambio pacífico", asegura, antes de destacar "una serie de puntos que tienen que desaparecer del embargo".

"Primero que los cubanos (exiliados en Estados Unidos) puedan viajar a su país cada vez que lo deseen, que puedan mandarle a su familia lo que quieran mandarle y que también nos visiten los ciudadanos norteamericanos", que ahora no pueden viajar a la isla, explicó. También pidió que "los empresarios cubanos, sin tener que violar la ley estadounidense, puedan enviarle a la oposición, a los demócratas cubanos los recursos que necesitan para hacer su trabajo opositor en su país".

Aunque el demócrata Barack Obama prometió hacer varios de estos cambios si gana las elecciones en noviembre, Palacios se negó enérgicamente a valorar las propuestas del candidato a la Casa Blanca, cuidándose de entrar el debate político en Estados Unidos.

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