Cuarenta años de la revolución que cambió el mundo

  • El movimiento estudiantil casi hizo caer al Gobierno de De Gaulle y terminó por transformar la sociedad francesa

El 20 de marzo de 1968, 142 estudiantes de la recién fundada Universidad de Nanterre, en las afueras de París, ocuparon una parte de ella para protestar contra la detención ese mismo día de un estudiante por participar en una manifestación contra la guerra de Vietnam en la capital francesa.

Esta acción de protesta, organizada por un anarquista hecho a sí mismo, Daniel Cohn-Bendit, apodado Danny el Rojo, bastó para desatar una ola de disturbios sociales que estuvo a punto de causar la caída del Gobierno de Charles de Gaulle y terminó por transformar la sociedad francesa.

Los miembros del movimiento estudiantil inmediatamente comenzaron a realizar actos de perturbación que llevaron a los administradores a cerrar la universidad y a llevar a Cohn-Bendit y algunos de sus compañeros ante un comité disciplinario el 2 de mayo.

Al día siguiente, la Policía irrumpió por primera vez en la historia en la Universidad de La Sorbona para disolver una reunión de 300 estudiantes en solidaridad con sus colegas de Nanterre.

El 10 de mayo, Cohn-Bendit llamó a unos 30.000 manifestantes, entre ellos miles de estudiantes de secundaria, a tomar el Barrio Latino en respuesta a la ocupación policial de la Sorbona.

Los estudiantes llenaron las calles cercanas al prestigioso centro, convirtiendo la acción de protesta en una fiesta callejera, hasta que algunos manifestantes arrancaron adoquines para construir barricadas. Esta vez, la reacción de la Policía fue aún más brutal, dando lugar a una batalla campal en el centro de París que se prolongó toda la noche. Más de 1.000 personas resultaron heridas, de las que 367 fueron hospitalizadas, y casi 500 fueron arrestadas.

Tres días después, el movimiento de protesta adquirió una nueva dimensión cuando los sindicatos convocaron una huelga de 24 horas en apoyo de los estudiantes. Un millón de personas desfilaron por las calles para reclamar, entre otros, la excarcelación de dirigentes estudiantiles, una reforma del sistema universitario y aumentos salariales para empleados públicos.

A su regreso de una visita de seis días a Rumanía, De Gaulle se encontró con la crisis política más grave que vivía el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, que se saldó con la convocatoria, casi dos semanas después, de unas elecciones anticipadas para junio que dieron la victoria al presidente y sus aliados.

"El antiautoritarismo es un componente esencial del movimiento de Mayo del 68", considera Patrick Rotman, autor de varios libros y documentales sobre esos acontecimientos, que menciona la oposición al poder político y la escuela, la empresa, la Iglesia.

La esfera privada fue particularmente influenciada por los acontecimientos de mayo. En los 60, "las relaciones hombre/mujer, padres/hijos eran aún muy rígidas y arcaicas. Esos marcos estallaron en mayo-junio y sobre todo después", indica Michelle Zancarini, profesora de Historia en la Universidad de Lyon.

Hasta 1965, la mujer casada no tenía derecho a abrir una cuenta bancaria ni a trabajar sin consentimiento del marido, la píldora acababa de ser autorizada, no existía el divorcio de mutuo acuerdo, las vacaciones pagadas no estaban generalizadas y la censura era omnipresente sobre todo en televisión, donde una presentadora era despedida por enseñar demasiado las rodillas.

Tras mayo de 1968, se votaron leyes importantes para la pareja: autoridad parental compartida, reforma del divorcio, legalización del aborto, destaca Zancarini. "Cambia del todo la manera de educar a los hijos", agrega.

En la enseñanza, se tambalea la figura del profesor todopoderoso. Los estudiantes reclaman poder para sus delegados. Las clases mixtas son obligatorias en primaria y secundaria a partir de 1975.

La patronal autoritaria o paternalista también se pone en entredicho. En 1968 aparece el término autogestión, que tendrá su momento de gloria en los 70, en particular cuando los obreros toman la fábrica de relojes Lip en 1973.

"Después de mayo de 1968, las relaciones de poder no han desaparecido pero sí se han modificado. Se impone menos, se habla, se informa, se negocia más, en la familia, en la pareja, en clase, en el trabajo", estima Henri Weber, un ex del 68, en un ensayo titulado ¿Liquidamos mayo del 68?

Cuarenta años después, el presidente Nicolas Sarkozy está por la labor de liquidar esa herencia, para él símbolo de decadencia y laxismo, aunque muchos la siguen viendo como un formidable impulso de libertad.

El filósofo Raymond Aron fue el primero en denunciar el mayo del 68 desde la derecha gaullista, e intelectuales y prensa comunistas, desde la izquierda, criticaron en seguida a los izquierdistas que hacían el juego del poder. Régis Debray, ex compañero de revoluciones del Che Guevara, se burló en 1978 del "psicodrama anarco".

Un sondeo reciente, en cambio, refleja que una mayoría de franceses, el 74 por ciento, ve positiva la herencia de mayo del 68, en concreto para el reparto de tareas entre hombres y mujeres (80 por ciento), la sexualidad (72) o las relaciones padres-hijos (64).

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