El 'efecto' Magdalena

  • La defensa de la ministra de Fomento por el fiasco del AVE sirvió para unir a diputados y senadores socialistas andaluces · Un cuarteto coordina la labor de los parlamentarios del PSOE-A en la capital

El 31 de octubre de 2007, la mayoría de los grupos de la oposición pidieron en el pleno del Congreso la dimisión de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por la crisis del AVE a Barcelona. Especialmente duro estuvo el presidente del PP, Mariano Rajoy, que afirmó que "pretender que la ministra resuelva este asunto es una quimera; algo así como nombrar ministro de Salud al virus de la gripe".

Aunque Zapatero asumió toda la responsabilidad y pidió disculpas a los afectados, la mayoría de los 38 diputados andaluces del PSOE no quedaron satisfechos. La intervención de Teresa Cunillera, parlamentaria del PSC y miembro destacado de la dirección del Grupo Socialista, dejó un sabor agridulce entre ellos al no defender la labor de Magdalena Álvarez al frente del Ministerio de Fomento.

Curiosamente, Daniel Fernández, el hombre de confianza del presidente de la Generalitat, había transmitido horas antes del pleno que los socialistas catalanes habían solicitado la intervención de Cunillera para arropar a la ministra de Fomento. Nada más lejos de la realidad.

Mientras el socavón político catalán aumentaba a medida que la doble cita electoral del 9-M se aproximaba, varios diputados andaluces -Carmen Hermosín, secretaria de Política Institucional y Autonómica del PSOE, y el diputado gaditano Rafael Román, principalmente- organizaron una cena-homenaje a Magdalena Álvarez que tenía mucho de desagravio, en palabras de uno de los asistentes. Al acto acudieron casi todos los diputados andaluces, a excepción de Alfonso Guerra, Carmen Calvo y alguno más, y las diputadas del PSC María Dolores Puig Gasol y Lourdes Muñoz. Hubo cante y baile y el ambiente fue cálido pese a que el restaurante era noruego.

Según uno de los asistentes, el "cariñito" sirvió para transmitir que Magdalena Álvarez no estaba sola: "Tenía a su lado al grupo de diputados más importantes del Grupo Socialista". "El PSC se equivocó al poner el acento en su crítica en el Ministerio de Fomento cuando el problema principal era la falta de inversiones en infraestructuras durante la etapa en el Gobierno de CiU. Además, no se percató de que Magdalena Álvarez estaba siendo utilizada como ariete contra el Gobierno socialista. Zapatero sí se dio cuenta", agrega este mismo diputado.

Otro de los presentes en el homenaje destaca que "no se puede ignorar que Magdalena Álvarez ha sido una ministra que ha dado prioridad a las inversiones en Andalucía y, por tanto, ha facilitado mucho la labor de los diputados andaluces".

En cualquier caso, los primeros en hacer una lectura política de la cena fueron destacados representantes del PSC, que encajaron mal el derroche de apoyo a Magdalena Álvarez.

Casi un mes después, reprobada ya por el Parlamento de Cataluña, la ministra de Fomento afrontó en el Congreso la reprobación planteada por la mayoría de los grupos de la oposición, con el PP, CiU, IU-ICV y ERC como principales artífices.

Pero en esta ocasión la malagueña contó con el apoyo del diputado gaditano Salvador de la Encina, que actuó como portavoz del Grupo Socialista y que derrochó entusiasmo en su defensa. Magdalena Álvarez estuvo también arropada en la bancada socialista por diputados andaluces, y se salvó por tres votos en un pleno plagado de risotadas, abucheos y aplausos irónicos procedentes de las filas del PP.

"Los comentarios y la intervención de los portavoces sólo sirvieron para que nos diéramos cuenta de que se le atacaba por ser mujer y por ser andaluza", asegura una diputada socialista de Andalucía.

Peor suerte corrió a mediados de diciembre, cuando fue reprobada por el Senado, con los votos del PP, CiU, IU e ERC. Pero esa misma noche, la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) le otorgó el premio de "azote de la oposición", que compensó el mal trago que pasó en la Cámara Alta.

En opinión de destacados representantes del PSOE-A, la crisis que vivió Magdalena Álvarez cohesionó más a los diputados socialistas andaluces, que comenzaron a hacer piña en el último tramo de la legislatura.

Tras las elecciones generales y andaluzas del 9-M, la euforia del PSC, que logró 25 diputados -dos más que en 2004-, activó de nuevo al PSOE andaluz, que obtuvo 36 escaños -dos menos que en 2004 aunque 11 más que los socialistas catalanes-. "Los resultados del PSC y también los del PSE fueron muy buenos, pero los del PSOE andaluz también si tenemos en cuenta que en Andalucía y otras comunidades más españolistas la oposición de desgaste del PP contra la política territorial del Gobierno hizo mucho daño", argumenta un diputado andaluz del PSOE.

De todas formas, en las primeras negociaciones internas, los socialistas andaluces, representados por Carmen Hermosín, lograron que la diputada jerezana Mamen Sánchez se situara como número tres de la dirección del Grupo Socialista por detrás de José Antonio Alonso y Ramón Jáuregui, y que el onubense Javier Barrero mantuviera la Secretaría Primera de la Mesa del Congreso.

Sin embargo, la primera gran batalla de la nueva legislatura se produjo en la composición del nuevo Gobierno de Zapatero. Los socialistas andaluces respaldaron incondicionalmente la continuidad de Magdalena Álvarez en el Ejecutivo. La obstinación de la malagueña, que no estaba dispuesta a aceptar otra cartera -los resultados electorales en Cataluña estaban a su favor-, y el apoyo de personas muy cercanas a Zapatero -el diputado malagueño Torres Mora, entre otros- obraron el milagro que suponía que siguiera en Fomento. El nombramiento de Bibiana Aido como ministra de Igualdad tiene otra lectura bien distinta.

Fruto de este arranque, los diputados y senadores andaluces están actualmente bajo la dirección de un cuarteto: los diputados Carmen Hermosín, Javier Barrero y Mamen Sánchez, y el senador Antonio Gutiérrez Limones, alcalde de Alcalá de Guadaira y persona muy cercana a Zapatero.

Hermosín rechaza que se pueda hablar de "lobby andaluz en Madrid" porque esos grupos de presión "no tienen arraigo en la cultura política española". Sin embargo, señala que, "sin que nos guste la denominación, es verdad que siempre hemos tenido un número importante de diputados y senadores".

La sevillana asegura que, en esta nueva legislatura, el objetivo es "trabajar de forma más organizada para ser más eficaces". "Por ejemplo, tenemos representación en todas comisiones que son más importantes para Andalucía: Fomento, Medio Ambiente, Industria, Innovación…", agrega.

Para Javier Barrero, "unas mejores líneas de coordinación" deben servir para que "en una España soñada por todos, a Andalucía, con 8 millones de personas y un territorio mayor que algunos países de la UE, se le conozca por algo más que por ser refugio de ocio".

"Esto no es lobby, es aportar desde la singularidad, desde el diálogo y desde el consenso. Pero no tenemos que configurar una especie de grupo de presión: nosotros somos muy del PSOE, somos más de hablar y menos de salir en los medios de comunicación", agrega Barrero, artífice de la contratación de un jefe de prensa para los diputados andaluces, a imagen y semejanza del PSC.

Mamen Sánchez destaca que la estrategia de los diputados y senadores andaluces es "trabajar, coordinarnos y ser eficaces por el bien del Grupo Socialista y de Andalucía". "No tenemos que enseñarle el músculo a nadie. Hemos partido de una buen base: todos los diputados tienen unas responsabilidades específicas", añade la jerezana.

En cualquier caso, la musculatura parlamentaria que Mamen Sánchez dice no querer exhibir no viene mal cuando Andalucía se juega en los próximos meses gran parte de su futuro en la negociación del nuevo sistema de financiación autonómico, un asunto que, curiosamente, Felipe González, en un reciente artículo, no considera prioritario ante el bache económico en el que está inmersa la economía española.

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