La precampaña El jefe del Ejecutivo lanza un guiño a la industria del automóvil con su visita a Renault en Valladolid

Zapatero promete pactar cada reforma laboral con los sindicatos

  • "Mi compromiso es que las cosas de los trabajadores las dialogaré y las pactaré con los trabajadores", afirma el presidente · Evita hablar de crisis económica y explica que sólo hay una "desaceleración"

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El presidente del Gobierno y candidato del PSOE a la reelección, José Luis Rodríguez Zapatero, reiteró ayer su confianza en la economía española, a pesar de la desaceleración, y se comprometió a no abordar ninguna reforma laboral ni social en los próximos cuatro años sin pactarla con los sindicatos. "Mi compromiso es que las cosas de los trabajadores las dialogaré y las pactaré con los trabajadores, con los sindicatos", manifestó ante los empleados de la planta de Renault en Valladolid, cuyas instalaciones visitó.

Zapatero tejió un discurso sectorial inevitablemente ligado a la economía, que vive una "desaceleración" pero no una crisis "y menos una recesión". Mostró asimismo su "plena confianza" en el futuro, "porque se crecerá menos, pero se crecerá" y hay suficientes recursos ahorrados para apoyar "las situaciones menos fáciles o a los sectores que tengan más dificultades".

Zapatero reservó la artillería pesada para su mitin vespertino en Gijón, donde arremetió contra el PP por proclamar y "desear" que haya crisis económica y le advirtió que fracasará en su vaticinio, que no es más que "una profecía de mala fe". El jefe del Ejecutivo recordó que, cuando la economía se desaceleró en 2002 y subió el paro, el Gobierno del PP "hizo un decretazo en favor del despido libre y del recorte de los derechos de los trabajadores".

De vuelta a lo específico, el líder socialista apuntó que el sector industrial y del automóvil es "clave" para el país, y necesita ganar en competitividad y aumentar la productividad, lo que exige mejorar las infraestructuras de distribución y la formación profesional. En opinión del jefe del Ejecutivo, "la única manera de mejorar los salarios que tiene España es con más productividad".

Zapatero describió a los trabajadores la situación económica, que tras cuatro años de crecimiento "fuerte" como consecuencia de los problemas financieros estadounidenses y del aumento del precio del petróleo, experimenta una desaceleración. No obstante, a su juicio, y "a pesar de lo mal que ha resultado la economía norteamericana por una gestión muy mala que ha contagiado a Europa", la economía española está "fuerte".

En el capítulo de malas noticias, admitió que se crecerá menos y se creará menos empleo, pero recordó también que las arcas públicas cuentan con 70.000 millones de euros para potenciar las infraestructuras, apoyar al sector de la construcción y mantener las políticas sociales. El objetivo del Gobierno es que la desaceleración "no afecte a la economía, afecte poco al empleo" y que se desarrollen más políticas sociales, todo ello a través del diálogo.

La jornada trajo asimismo ecos de la vieja guardia. El ex presidente del Gobierno Felipe González señaló que "la combinación de generales y obispos opinando de política" parece "un revival o la traslación a escenarios muy conservadores", pero se mostró confiado en que la "incidencia electoral" de quienes lo promueven será "negativa". "La madurez democrática del pueblo español es mucha y no nos va a retrotraer a la época en la que la política la hacían los obispos", indicó González en declaraciones a la Cadena Ser.

El ex presidente defendió que España necesita "una derecha diferente" y "moderna", que sea conservadora, "pero en la que quepan personalidades como (Josep) Piqué o (Alberto) Ruiz-Gallardón, sin tener que humillarse a los más duros para poder sobrevivir políticamente a su partido".

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