El PP busca su sitio

  • El adiós de Acebes es la guinda del rosario de convulsiones en el río revuelto de la renovación · Costa, Pizarro y García Escudero pueden irse en cualquier momento

SÉ lo que hago y si me apoya el partido tengo coraje suficiente para ganar", dijo Rajoy el viernes en Sevilla, cerrando así una semana en la que los acontecimientos se desbordaban dentro del PP.

A Rodrigo Rato le montan una pagina web unos militantes a los que no conoce y que pretenden que sea el próximo presidente del partido y candidato del PP a la Presidencia del Gobierno en 2012; Ignacio González, el número dos de Esperanza Aguirre, dice lo que la presidenta calla, y recuerda un día si y otro también que no se ha dicho la última palabra respecto a esa candidatura; Gustavo Arístegui organiza cenas en su casa con Rafael Hernando y Alejandro Ballesteros entre otros para dar vueltas a la idea de presentar una candidatura a Rajoy en el congreso de junio, con Juan Costa como presidente o secretario general, aunque parece que Costa no está por la labor; y Acebes anuncia con bastante anticipación que no será de ninguna manera secretario general a partir del congreso. Y lo anuncia porque no se encuentra a gusto con el silencio de Rajoy ni con el trato que recibe de algunos de sus subordinados, que le dan a entender con su actitud que en el futuro ellos, los subordinados, van a mandar mucho más que él.

Zaplana se ha ido a la empresa privada, destacados dirigentes del PP en tiempos de Aznar han rechazado los cargos parlamentarios que les ha ofrecido Soraya Sáenz de Santamaría, no sólo porque no los consideraban adecuados a su trayectoria sino -sobre todo- porque no se sienten a gusto recibiendo instrucciones de las personas a las que Sáenz de Santamaría ha encargado las tareas de dirección del grupo, diputados de escasísima experiencia política y parlamentaria, que en algunos casos además miran por encima del hombro a los que consideran figuras del pasado.

Han sido días malos para el PP y, lo peor para Rajoy, es que han trascendido muchas de los malestares que se dan en su partido y entre aquellos que hasta hace nada han formado parte de su equipo. El anuncio de Acebes de que no tenía la menor intención de continuar en la secretaría general del PP provocó una auténtica conmoción; lo de menos era que no continuara en el puesto (era más o menos aceptado que Rajoy designaría otro secretario general), pero su anuncio, a seis o siete semanas del congreso, indicaba que se iniciaba una etapa en la que Rajoy rompía afectivamente con una de las personas más queridas dentro del PP, aunque en los últimos años ha recibido numerosas críticas sobre su gestión. Pero las críticas llegaban desde fuera del partido, no desde dentro, donde se valoraba a Acebes como pocos.

No es ningún secreto en el PP que empiezan a aparecer los arribistas, que Pizarro puede irse en cualquier momento al igual que Costa, que García Escudero apenas pisa su despacho de la sede central del partido con la excusa de que tiene que preparar su trabajo en el Senado, aunque muchos creen que así evita el malestar que se vive actualmente en Génova 13. Y tampoco es ningún secreto que algún diputado ha dicho en reuniones con compañeros de partido que no hay que tener miedo a presentar una candidatura alternativa a la de Rajoy.

Esperanza Aguirre ha dado un paso atrás, ha recibido muchas críticas por dar a entender que aspiraba a suceder a Rajoy; Rodrigo Rato no juega a nada, aunque se ve con dirigentes de su partido, porque es su partido, y en el PP tiene a muchos de sus mejores amigos. Pero rechaza cualquier posibilidad de presentar una candidatura paralela a la de Rajoy. Cumple sus obligaciones como militante y tenía pensado acudir al congreso de junio con una tarjeta de invitado, pero ha tenido que desistir por un compromiso profesional que le obliga a estar en China las fechas del congreso, y que no ha podido cambiar. Personas que quieren que regrese a la política activa confían en que pueda tomar una decisión en tres años, cuando se celebre el nuevo congreso del PP, previsto en principio para el 2011, aunque podría adelantarse. En esos momentos ya tendría menos importancia no contar con escaño en el Congreso de los Diputados.

Lo que nadie pone en duda en el PP, nadie, ni siquiera los más afines a Rajoy, es que si el PP no consigue buenos resultados en las elecciones europeas o autonómicas, difícilmente será candidato en el 2012. Y cuatro son los nombres que se apuntan para la sucesión: Rato, Aguirre, Camps y Gallardón. Por ese orden de posibilidades. Todos ellos callan, y los dos últimos insisten en su apoyo a Rajoy en el próximo congreso, pero en política todo cambia cuando las cosas, o los resultados, no cumplen con las expectativas.

Rajoy es, sin duda, el principal valor del PP, el que ha logrado sumar 700.000 votos más para el partido en las pasadas elecciones, el que ilusiona más y el que más cree en la posibilidad de victoria. Pero su actitud última, su falta de comunicación con la mayoría de sus colaboradores, el nuevo reparto de poder que se percibe en Génova 13, sus silencios y las designaciones que ha hecho en el grupo parlamentario y en las portavocías han gustado poco. Nada. Por eso se encuentra con tantos problemas sobre la mesa: ha confundido renovación con la irrupción de algunos personajes que se han hecho un nombre en el PP por su escasa preparación y su mucha arrogancia.

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