Jubilados contra el 'nuevo' PP

  • Unas 300 personas se concentran a favor de San Gil y Ortega Lara

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Llovía intermitentemente en Madrid, pero en la calle Génova, los chuzos caían de punta. Pero tampoco era para tanto: unas 300 personas, con sus respectivos paraguas, participaron ayer por la mañana en las dos concentraciones, convocadas espontáneamente pero con la premeditación de los sms a amigos y conocidos -una a favor de María San Gil y otra en apoyo a Mariano Rajoy- frente a la sede nacional del PP. La inmensa mayoría, sin embargo, estaba favor de María San Gil y José Antonio Ortega Lara y en contra del líder de los populares y del alcalde de Madrid. Los partidarios de Rajoy eran escasos y optaron por no hacerse notar o marcharse a las primeras de cambio. Los seguidores de la lideresa Esperanza Aguirre, que no eran tantos, metieron alguna baza con una pancarta que exigía primarias en el PP y lanzaron algunos gritos que tenían la firma de la combativa agrupación del selecto barrio de Salamanca.

El primero en comprobar la hostilidad partidaria en sus propias carnes fue el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que, aunque entró raudo y veloz por la puerta principal como alma que lleva el diablo, pudo escuchar nítidamente cómo un grupo de ancianos le llamaban "socialista", "rojo" y "traidor". A la salida, dado que la concentración era más numerosa, el primer edil madrileño, escoltado por dos coches, salió por el garaje a bordo de un tercero, con los cristales tintados y las cortinillas echadas, que a punto estuvo de estamparse contra un contenedor de escombros en una huida con un ligero derrape ante un nuevo chorreón de insultos y un brusco movimiento de manifestantes hasta la zona.

La pancarta más visible resultó lacónica pero muy clara: "Mariano: María, sí". Una señora, por el contrario, se mostró más dañina aunque en formato A-4: "Rajoy vete ya con tus chikilikuatres". Otros manifestantes, con indignación AVT, antaño derrochada contra ZP, Rubalcaba y el Gobierno socialista en concentraciones a las que solía acudir Ana Botella, reclamaron la devolución del voto.

Un cojitranco jubilado, con megáfono en mano, cantó las bondades de María San Gil, a quien llegó a comparar, en tono fervoroso, con la Virgen, le declaró lealtad "hasta el fin, hasta morir", y defendió de forma reiterada e inequívoca que "España entera, sólo una bandera". Una señora insistió, desde la acera de enfrente, en la misma idea con un cartel que mantenía en alto sin dar muestras de desaliento: "España somos una y no treinta y una".

El único incidente se produjo cuando los reporteros de Caiga quien caigahicieron acto de presencia. Se llevaron algunos empujones e insultos, pero muchos menos que Rajoy y Gallardón.

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