Alejandro Macarrón. Ingeniero y Consultor

"Habrá que cerrar uno de cada tres colegios y abrir más geriátricos"

Alejandro Macarrón Alejandro Macarrón

Alejandro Macarrón / Víctor Rodríguez

-En camino de los 48 millones, España comenzó a decrecer en 2013. ¿Es ésa la evidencia de lo que usted llama el suicidio demográfico?

-La última vez que España perdió población fue en 1939. Ni siquiera ocurrió en el 38 o en el 37. Antes sólo sucedió en 1918, durante la mal llamada Gripe Española. En 2017 fueron menos de 300.000 los partos de madres nacidas en España. Una cifra tan baja no se daba desde el siglo XVII y España tenía entonces siete millones de habitantes.

-Hubo un tiempo en que se habló de la catástrofe malthusiana. La demografía da para titulares muy sensacionales.

-Malthus no sabía que la tecnología crearía mejores cultivos que alimentarían a aquella población exponencialmente creciente. Se equivocó por completo. Ahora el miedo es el contrario.

-Con más jubilados y menos contribuyentes, toca reflexionar sobre las pensiones.

-No sé si están en riesgo, pero el escenario es distinto cuando hay muchos jubilados y pocos trabajadores en activo. Hay un problema con las pensiones, aunque no es desde luego el único.

-Pero ha cundido un cierto pánico y la futura pirámide poblacional no ayuda.

-La mayor garantía para el mantenimiento de las pensiones es que cada vez habrá más votantes pensionistas. Pero hay un problema. Si las pensiones acaban siendo una rémora para la economía, puede acabar siendo malo para todos. Si los políticos se pasan de frenada, nos cargamos el país.

-La eutanasia será quizá un fenómeno más común en el futuro.

-El peligro de la eutanasia es que deje de ser voluntaria. Puede haber una presión para eliminar a los mayores porque generan mucho gasto. Sería inmoral, pero es probable que exista esa presión social.

-Si somos menos españoles, habrá menos paro.

-El suicidio demográfico tiene efectos beneficiosos, aunque no compensen, y uno de ellos es la reducción del paro. Con la muerte se acaba el paro, la delincuencia, el machismo, las guerras... En los cementerios no hay parados. La muerte te quita problemas, pero uno prefiere estar vivo.

-La natalidad cae en todo el mundo, pero el planeta no deja de estar más y más poblado.

-Aún hay una tasa de crecimiento positiva porque las muertes caen más rápidamente que los nacimientos. Está llegando el desarrollo a poblaciones pobres. En África la esperanza de vida es de 60 años, como España en 1950. Pero si sigue cayendo la natalidad, la población mundial decrecerá en 30 o 40 años.

-¿Puede ser la inmigración un paliativo del suicidio demográfico?

-Quizá, pero si la inmigración llega en grandes proporciones aparecen problemas de integración. No es fácil de gestionar. Es un paliativo al problema demográfico, pero los inmigrantes también envejecen.

-¿Los colegios tendrán que acondicionarse para residencias de ancianos?

- En España nacían hace 35 años casi 700.000 niños al año; ahora, unos 400.000 de madres nacidas en el país y de no nacidas en él. Habrá que cerrar uno de cada tres. Y abrir geriátricos.

-¿Las sociedades añosas son menos propensas a las revueltas?

-Ha podido verse en Cataluña. Con dos mitades tan enfrentadas, era el ingrediente perfecto para una explosión. Si hubiera sucedido en otra época, habría habido sin duda muertos. Yo lo achaco en parte a que se ha producido en una sociedad envejecida. Es como ETA...

-¿Puede explicarlo?

-Comparado con hace décadas, en el País Vasco hay ahora la mitad de jóvenes y casi el triple de mayores. La juventud es energía, idealismo y pájaros en la cabeza, la edad propicia para ser terrorista. Las revoluciones las han encendido históricamente líderes que no eran jóvenes, pero que usaban de carne de cañón a la juventud idealista y brava.

-¿Y por qué hay cada vez menos niños?

-En esencia incomodan en las sociedades modernas. Antes, en el campo los niños eran mano de obra y, además, te cuidaban cuando eras viejo. Ahora ya no vive casi nadie en el campo y de viejo nos cuidan las pensiones del Estado.

-¿Es paradójico que, cuanto mayor es el nivel económico, menos se gasta en la manutención de unos hijos?

-Lo predijo Benjamin Franklin en el XVIII. Estados Unidos estaba poblado por pioneros muy religiosos y con muchos hijos. Observó que cuanto más se prosperaba, la gente tendía a tener menos hijos.

-Siniestro Total le pedía "¡extinguíos!" a los pueblos del mundo. ¿El nihilismo ha tenido alguna influencia en la demografía?

-Seguro, pero no es definitivo. España lleva 150 años viendo reducir la natalidad, pero no se notaba porque caía más la mortalidad infantil. Aunque se iban teniendo menos hijos, morían muchos menos. Hacia 1860 se moría la mitad de los niños de España antes de cumplir 12 años. Ahora no se muere casi ninguno. O procreábamos o nos extinguíamos.

-¿Qué puede hacerse?

-Lo primero, poner de manifiesto el problema. Lo segundo, facilitar la procreación.

-¿Cómo?

-Con incentivos fiscales. Y hay una vía más importante, no económica, los valores. Antes una mujer con muchos hijos era admirada, hoy es poco menos que una atrasada o una coneja. La maternidad numerosa está desprestigiada. Las mujeres multigestantes son recibidas por Putin en Rusia. En las escuelas habría que contar que un país tiene un grave problema sin niños. Y legislar a favor de la reconciliación en caso de divorcio. La legislación genera cultura. Y la española no fomenta la natalidad.

-¿Qué relación ha tenido la religión con la natalidad?

-Las familias religiosas tienen más hijos. También es importante el patriotismo. Francia es un ejemplo. La mayor población de su vecino, Alemania, era un problema. Por eso Francia es un país natalista desde hace 70 años. Y tienen un gran eslogan: Francia necesita niños.

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