Dignidad con nombre de mujer

  • El profesor portuense Juan Rincón Ares relata en su libro 'Cardito de puchero', editado por El Boletín Cultural, los 25 años de educación de adultos que cambiaron la sociedad andaluza

Cardito de Puchero constituye una historia de dignidad y superación personal, un cuarto de siglo de educación en do mayor. Juan Rincón Ares, que ha puesto alma y vida en un proyecto que ha transformado Andalucía de verdad, a través de la alfabetización y fomento de la cultura, relata con inusual ternura y sencillez las vicisitudes de la educación de adultos y, por tanto, de la evolución social de esta tierra. Con acento en El Puerto de Santa María, claro. El libro, editado por El Boletín Cultural, dirigido por Eduardo Albadalejo, muestra los nueve relatos que Rincón ya colgó en internet, donde este profesional y escritor vocacional, que ha ganado más de ochenta premios literarios, mantiene un buen número de blogs.

La construcción de la educación de adultos, desde los cimientos de la efervescente sociedad de los albores de la democracia, muestra a "una generación olvidada a la que sacamos de sus casas", en concreto un amplio colectivo de madres, mayoría silenciosa que sin pretenderlo han cambiado las cosas en Andalucía, "han modificado la mirada del mundo" merced a un proceso permanente que sigue en marcha, aunque de otro modo. Echa la vista atrás Juan Rincón y recuerda a las madres que valoraban la poesía sin entenderla, por su valor estético, y aprendieron a amar la vida, la música, la palabra, como factor de crecimiento, una manera de elevar la autoestima de un pueblo.

"El 95% de los alumnos de educación de adultos eran y son mujeres", certifica Rincón, quien apunta una significativa anécdota: "Al comienzo nuestra labor se topaba con la incomprensión general, sobre todo de los hombres, los maridos, que incluso daban ultimátums a sus esposas: o el centro de adultos o yo. Así de radical. No soportaban el nuevo papel que empezaba a desempeñar la mujer en la sociedad". El tiempo pasa despacio, pues tales circunstancias aún pesan en el ambiente, y a veces se antojan piedras angulares del machismo latente. Por ventura, muchas mujeres se rebelaron y hoy Juan Rincón puede sentirse orgulloso de recibir llamadas o cartas de los hijos de la educación de adultos. "Me escribieron dos nietos de Rosa la Pistola, agradeciéndome que haya recuperado la memoria de su abuela. A esos niños los dormí yo en clase", recuerda mientras observa con nostalgia de futuro la foto de portada del libro.

Corrían otros tiempos cuando la educación de adultos se instaló por vez primera en un local de la calle Cantarería, una vivienda alquilada a la que derribaron los tabiques para convertirla en aula. Sillas sobrantes de colegios, material de prestado y una ilusión enorme. "La educación de adultos ha evolucionado mucho, pero sigue por detrás, a la cola de la educación en general, pese a su aportación. Pero las diferencias se van reduciendo", señala Rincón, igual que los niños cada vez son más adultos y los adultos menos niños.

Hoy, en plena era de la informática, abundan los analfabetos virtuales, incide Rincón, que distingue entre analfabetos totales, analfabetos funcionales cuya ausencia de vocabulario impide acercarse a la información disponible, y los que sufren la brecha digital, que son legión, los futuros excluidos. La educación de adultos de hoy emplea la informática, el entrenamiento de la memoria, la tolerancia social y la importancia del idioma para los inmigrantes. Ucranianos y rumanos, comunidades cada vez más numerosas, que aprenden el español a empujones. Los rumanos se enseñan mutuamente, son rápidos, pero los ucranianos avanzan a toda velocidad, "en dos meses aprenden perfectamente el castellano". La educación de adultos de hoy habla también inglés, y sufre en sus carnes los grandes fracasos de la Secundaria, en especial la pobreza del lenguaje de los chavales, incapaces de llamar a las cosas por su nombre. "Los mayores del centro, por ejemplo, te dicen que antes no participaban en conversaciones por vergüenza, por escasez de vocabulario, y esa pobreza del lenguaje oral se antoja grave entre muchos jóvenes que no saben expresarse con propiedad". Esos chavales serán adultos tarde o temprano.

Rincón cree que la educación de adultos ha perdido encanto y eficacia al entrar en el sistema ordinario y basarse en resultados. "Se trata de ganar en felicidad, en calidad de vida, y no en titulaciones". "El día que se deje de invertir en educación de adultos habrá que hacerlo en salud mental", certifica el autor, quien subraya que "ejercemos de antidepresivo con más poderío que cinco pastillas".

El libro de Rincón, crónica social portuense y espejo de muchas familias humildes, ve la luz tras pasar por muchos despachos oficiales, y ha sido posible merced al impulso del editor Eduardo Albadalejo. La primera edición está a punto de agotarse. Está llegando al corazón de la gente.

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