Con sabor

  • Pedro Payán Sotomayor

El ángel. Este hermoso vocablo Lo pronunciamos los andaluces con aspiración: áhe. Su uso es común en toda Andalucía y significa "espíritu inquieto, gracia creadora". Yo he intentado en diversas ocasiones aproximarme a los fenómenos de este término, refiriéndolos muy concretamente al área de mi investigación. Recuerdo ahora que la primera conferencia que ofrecí, tras mi regreso a Cádiz desde Tenerife, la titulé "Cádiz, entre el ángel y el duende", en La Salle-Viña. Posteriormente, mi discurso de ingreso en el Ateneo lo denominé "El ángel y el duende de Cádiz". Incluso en mi Pregón del Carnaval de 1993 contemplé la ciudad dominada por el ángel. Como quiera que las acepciones académicas de la palabra aclaran poco, he pretendido buscar las connotaciones que el pueblo gaditano, y el andaluz en general, atribuye a la misma- Consciente de la imposibilidad de dar una definición concreta, deseaba conseguir una aproximación a través de sus frutos, por aquellas maneras de ser y de conducta en que queda reflejado el áhe. El ángel es blanco, resplandece de luz, es semilla de gozos, es vida. Frente a él, el duende, con el que se confunde muchas veces, es equivalente a lo profundo, lo que tiene mices en el alma, lo que se mueve en la intimidad, lo telúrico. En Cádiz, desde luego, predomina el áhe, la gracia.

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