"El sector debe aliarse si quiere hablar de tú a las grandes cadenas"

  • La reforma del algodón marcó el inicio de su mandato, pero también la crisis, que parece golpear con menos fuerza al agro · Innovar y ganar tamaño son sus grandes objetivos

-Le ha tocado debutar en el cargo en un escenario de crisis. ¿Está preparado el sector para capearla mejor que el resto?

-El balance estos primeros cien días está marcado por el momento de dificultad económica. Se han hecho muchas cosas, pero por ejemplo la fuerte subida de los combustibles afectan a los sectores agrícolas, ganadero y pesquero y eso condiciona nuestras actuaciones. El sector tiene problemas. Si no se reconoce, no se encontrarán soluciones. Pero tenemos un método de trabajo asentado: sentarnos, diagnosticar los problemas de manera compartida y elaborar documentos y con los recursos financieros y con las políticas que nos corresponden. Hay crisis, pero estamos seguro de que lo podremos ir sobrellevándola.

-Una de sus grandes apuestas al asumir el cargo fue la apuesta decidida por la innovación, pero eso requiere un gran esfuerzo...

-Hemos recibido en esta legislatura la transferencia del Ifapa, un centro de innovación muy potente, y le hemos encargado que rápidamente se ponga al servicio de los sectores productivos. Es muy importante que la investigación no quede en las estanterías de los científicos, que haya transferencia a las empresas. Por ejemplo, hay que potenciar todo lo que tiene que ver con las propiedades de los alimentos, como el aceite de oliva, frutas y hortalizas. Desde el licopeno o los carotenos y variedades de vitaminas hasta propiedades que tienen que ver con productos funcionales, como el omega 3. Eso hay que trasladarlo a la dieta y a los productos, y es una grandísima oportunidad para la empresa andaluza.

-Otra de sus recetas consiste en que la empresa andaluza crezca en dimensión para ser más competitiva. ¿Qué queda por hacer?

-El mundo cada día es más complejo. Las grandes cadenas de distribución son cada vez más grandes y menos, frente a un sector agrario atomizado. Una sola multinacional negocia con 200 productores, y éstos son tantos que fuerza que los precios bajen. Hay que ganar tamaño, unirse, lograr que se fusionen cooperativas o cerrar alianzas para tener un porcentaje mayor de oferta, más capacidad para sentarse y discutirle de tú a tú a las grandes cadenas comerciales. Y hay que abandonar los monocultivos: no ofrecer sólo tomates, sino tomates, espárragos, lechugas y si se puede, jamón ibérico. Hay que caminar hacia la promoción conjunta: si Almería produce tomates nueve meses, ¿por qué no cerrar acuerdos con cooperativas de Granada o de la Vega de Sevilla para cubrir el mercado todo el año? Es la estrategia acertada, pero tardaremos tiempo.

-El sector anda revuelto por las diferencias entre los precios en origen y lo que paga el consumidor. -Nosotros presentamos hace unas semanas el primer ensayo del estudio que estamos realizando. Somos la primera comunidad que lo hace. Además, hemos encargado informes jurídicos para ver si se puede elaborar una ley de márgenes, porque el sector tiene una sensación de que hay una gran diferencia entre lo que recibe el productor y el precio final. Investigaremos si hay abusos. Pero hay un trabajo que le corresponde hacer al sector, aunque a veces no le guste oírlo. Por ejemplo, no inundando el mercado de un producto cuando no hay más capacidad de compra. Si el mercado absorbe 2,5 millones de unidades de un producto, y colocamos tres, los precios caerán o acabaremos mandando camiones cargados a las fronteras a cualquier precio. Eso es una práctica ruinosa.

-¿Le pesa al campo andaluz la etiqueta del subsidio de la UE?

-Como el resto de Europa. El proyecto europeo de política agraria común ha sido el modelo de los últimos años, con sus luces y sombras. Se ha beneficiado el campo andaluz como el resto de regiones agrícolas de la UE. Quizás más, pero con un mérito añadido: ahora somos una potencia agrícola y ganadera indiscutible. Y lo hemos conseguido multiplicando por diez la productividad, siendo más eficientes con menos mano de obra. Hay reformas que han sido duras, pero ahora hay que aprovechar las ayudas y darle un tirón al campo.

-Usted se ha mostrado partidario de la última de esas reformas, la del algodón. En el sector se han oído opiniones de todo tipo.

-El sector sabía que el límite financiero era el que era. Lo que había que hacer era mejorar el reparto. Pasar de una ayuda de 1.000 a 1.400 euros por hectárea acoplada es una ayuda interesante. El que hayamos conseguido además un fondo de entre 6 y 7 millones de euros al año para reestructurar las desmotadoras también es interesante. Es lo que había, pero es infinitamente mejor de lo que dejó el Gobierno del PP, y es fruto del recurso que planteamos en su día.

-¿Cree que el ciudadano de a pie entiende que un agricultor, como en el caso del algodón, reciba buena parte de las ayudas sin necesidad de producir?

-Cuesta trabajo entenderlo, pero en el fondo lo que se hace es reconvertir un sector y reorientarlo hacia otro. No hay que pensar que se paga por no producir, sino que lo que se plantea con esa ayuda es un colchón social para que el campo no se descapitalice. La ayuda no es para que usted se vaya a su casa, sino para reorientar su producción.

-¿Las últimas OCM (vino, azúcar...) y la revisión de la PAC cierran la cuadratura del círculo de la agricultura europea?

-La agricultura va a atener siempre cosas por hacer. Hay dogmas que parecían intocables y no han sido buenos. Hoy, por ejemplo, Europa no tiene capacidad de almacenar trigo más allá de 15 días. Y ahora, en situación de crisis alimentaria, no está asegurado el abastecimiento. Algo falla. La agricultura tiene que ser un sector estratégico porque si no ocurre como ahora, que los especuladores que se han ido de la construcción han llegado a los mercados de futuro de los alimentos. Es el momento de producir más hectáreas, de acabar con la historia del abandono de tierras, de incrementar la productividad, y eso beneficia al campo andaluz.

-¿Tienen los biocarburantes la culpa del incremento disparatado de los cereales, como insisten algunas versiones?

-Hay opiniones interesadas. El sector petrolero tradicional boicotea la puesta en marcha de los biocombustibles. Es posible que la demanda internacional de cereales para biocombustibles tiren de los precios. Nosotros queremos ir a un plan de fomento de cultivos agroenergéticos, pero los que llamamos de segunda generación, que no tienen uso para alimentación humana ni ganadera. Se trata de producir tierras no destinadas a alimentos. Si no detraemos del mercado materias primas, no tensionamos ni aumentamos la demanda. Trabajamos en ello y queremos presentarlo a la vuelta del verano.

-¿Es partidario de un impulso a los cultivos transgénicos?

-El debate hay que abrirlo para opinar con libertad, sin dogmatizar nada. El límite es la seguridad alimentaria y la prevención de cualquier riesgo. Si la ciencia nos da seguridad, rigor y garantía, por qué no hablar. No digo sí ni no, sino que se abra al análisis, y nos interesa mucho que ese debate no sea incompatible con la agricultura ecológica, en la que somos una potencia con el 60% de la superficie total de España.

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