Productos, modernidad y gestión, bazas del mercado

  • La dotación de las plazas de abastos públicas se ha convertido en una prioridad de las políticas locales y en un potencial de ventajas para el consumidor

El mercado de abastos es el formato comercial más antiguo de los presentes en Andalucía. La implantación de estos equipamientos públicos comerciales supuso en su día un impacto espacial, económico y socia. No en vano, se trata de la primera gran superficie comercial que se instala en el primer tercio del siglo XIX, como fruto de un mayor control fiscal, higiénico y urbano de los inestables y dispersos mercados ambulantes de la época.

Su implantación fue extendiéndose en Andalucía hasta conformarse un auténtico sistema de equipamientos públicos de abastecimiento alimentario que llegaría a su mayor auge en los años setenta del siglo pasado. La dotación de mercados públicos se convierte así en un equipamiento de primera necesidad indispensable en las políticas locales.

La aparición de nuevos formatos comerciales, como los autoservicios y supermercados en los años sesenta, los hipermercados en los setenta y las tiendas de descuento en los ochenta, provocaron una paulatina pérdida de cuota de mercado. Así, precios menos competitivos respecto a los ofertados por los nuevos formatos, cambios en los hábitos de compra y horarios poco flexibles, entre otras causas, marcan el posterior declive de los mercados municipales de abastos.

Una prioridad

La recuperación de este modelo comercial, junto con la dinamización de los centros urbanos comerciales, se ha convertido en una prioridad dentro de la política de fomento y modernización del comercio interior en Andalucía, siendo necesario reorientar el equipamiento público hacia las necesidades actuales y, a su vez, prever las futuras.

Con este objetivo, la Junta de Andalucía puso en marcha, en el marco del segundo Plan Integral de Fomento del Comercio Interior de Andalucía, el Plan de Modernización de los Mercados Municipales y Catálogo de Diagnóstico Comercial, publicado en 2006, en virtud del cual se realizó el estudio de más de 300 mercados andaluces de municipios de más de 5.000 habitantes.

A finales de 2009, la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte ha realizado la actualización y ampliación de este estudio, incluyendo los mercados situados en municipios de menos de 5.000 habitantes.

El estudio arroja como principal conclusión que la infraestructura actual de los mercados de abastos y el papel que siguen desempeñando en el abastecimiento de la población apuntan hacia la viabilidad del formato si se toman las medidas necesarias para su transformación en centros comerciales modernos especializados, sin perder su principal atractivo: la calidad y servicio en productos perecederos, pieza clave en la dieta mediterránea que caracteriza a nuestra región.

Además, se trata de un formato conocido y valorado por el consumidor, principalmente por la atención personalizada que ofrece y la buena relación calidad-precio de los productos que oferta. Asimismo, cuentan con una valiosa localización central en la mayoría de los núcleos de población y están dotados con una importante superficie comercial, lo que posibilita que cuente con grandes posibilidades de expansión.

las necesidades

A partir de las conclusiones obtenidas en este diagnóstico, se detecta la necesidad de una reorientación de estos equipamientos públicos hacia un mercado moderno, funcional y acorde a las necesidades de los consumidores del siglo XXI, apostando sobre todo por un cambio en la mentalidad, tanto de las administraciones locales como de los propios comerciantes que integran el mercado, que permita la puesta en marcha de unas adecuadas estrategias empresariales conjuntas con el fin último de conseguir una mayor autonomía, eficacia y profesionalización en su gestión.

Además de ello, junto a otros parámetros (como son el orden, luminosidad, limpieza, temperatura agradable, amplitud, correcta distribución espacial, eliminación de olores, arquitectura funcional, buena presencia del producto, promoción, etc.), la buena gestión del mercado moderno debe influir positivamente en la conducta del consumidor hasta conseguir que venir al mercado suponga una experiencia agradable, lo que a la larga se ha de traducir en una mayor afluencia de visitantes y uso de la calle.

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