triatlón lLa élite de la competición de larga distancia en la provincia

Los viajes al infierno de David Márquez 'Waltrapa'

  • El triatleta portuense disputa en Niza su noveno Ironman con opciones de clasificarse para el Campeonato del Mundo

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Si David Márquez Waltrapa (El Puerto, 1979) se dedicara al fútbol, sería un treintañero adinerado, tendría seis horas al día libres para jugar a la PlayStation3, protagonizaría anuncios de Nocilla y, en las dos horas que duró esta entrevista junto a la playa de La Puntilla, le habrían interrumpido penitentes aficionados unas treinta veces. Pero David Márquez Waltrapa no es futbolista, es triatleta de larga distancia, compagina trabajo y entrenamientos en una disciplina vedada al profesionalismo, paga de su bolsillo bicicletas y viajes, y dedica su vida al deporte por una pasión incondicional y casi enfermiza.

Con sólo 32 años, el portuense ha finalizado ocho Ironman, que, simplificando, es un triatlón sobrehumano que une 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y 42 kilómetros de carrera. El domingo disputa en Niza su novena prueba con un objetivo: si "todo va bien" y para el crono antes de las 9 horas y 50 minutos en la línea de meta logrará una de las 1.200 plazas en liza cada año para participar en el campeonato del mundo, el mítico Ironman de Hawaii.

Márquez está moreno como un jornalero, roza el 1,80 y pesa 72 kilos de pura fibra y músculo. En su cuerpo sólo queda la genética del chaval de 15 años que quedó entusiasmado viendo a su padre participar en un triatlón olímpico (1.500x40x10) en La Barrosa, cuando la prueba tenía carácter internacional y muchos extranjeros también se batían en la playa chiclanera. Un año después disputó la competición, se clasificó el 23º y obtuvo el pase para el Campeonato de España, que aquel año se organizó en Córdoba. En esta historia se asocian esfuerzo y dedicación como medios para alcanzar una meta, y Waltrapa se enganchó.

El portuense hizo un paréntesis de menor intensidad en su carrera deportiva para licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en Murcia. Tras regresar a El Puerto, empezó a dedicarse a la larga distancia, el segmento al que mejor se adaptaban sus condiciones. "En aquellos años mi mente ya estaba en Hawaii. Era el sueño. Estaba impactado por la información que leía sobre la prueba, los vídeos de Eurosport, a Antonio Alijo retransmitiendo...". Márquez recuerda la final de la isla de Kona en 1997, en la que dos mujeres, Sian Welch y Wendy Ingraham, se jugaron la prueba en la última milla destrozadas por los calambres, incapaces de mantenerse en pie y atravesando la meta a gatas en unas imágenes al límite de lo humano que forman parte de la historia del deporte. "Era épico, increíble, yo quería emular lo que estaban haciendo esos deportistas".

Pero el camino hasta Hawaii es sólo para elegidos. El derecho a estar allí hay que ganárselo en alguno de los 27 Ironman que se disputan cada año en el planeta, es decir, hay que clasificarse entre los primeros, al menos de cada grupo de edad, en una prueba en la que cruzar la meta ya es un descenso al infierno, una proeza inalcanzable para la mayoría. Con este ánimo inició Márquez su palmarés: finisher (el que finaliza una prueba) en Lanzarote en 2005 (13 horas y 30 minutos), en Niza en 2006 (12:06), en Bolton-Lancashire en 2007 (11:03), en Lanzarote en 2008 (11:31) y 2009 (11 horas), en Zúrich ese año (9:52), y en Frankfurt (10:38) y Cataluña (10:51) en 2010.

Waltrapa puede hablar un buen rato de cada uno de sus Ironman, de lo poco preparado que se presentó en Canarias la primera vez y cómo echó a llorar al atravesar la meta, de sus marcas en cada segmento, del aliento de sus padres y su novia Mamen en las carreras, de sus sensaciones, o de que en Suiza en 2009 se quedó a 38 minutos del corte para el Mundial... "Para mí se convirtió en una droga, en algo que a veces no te deja dormir porque sueñas que nadas, o que estás en la bici o corriendo, sintiendo el sufrimiento del esfuerzo en las venas".

También recuerda la pájara que sufrió corriendo el maratón de la prueba de Alemania el año pasado, un contratiempo que le apartó de la clasificación para Hawaii cuando tenía el dorsal al alcance de la mano. "Teníamos 35 grados. Lo hice bien en los dos primeros segmentos, iba en tiempo para hacer 9:50, pero algo no fue bien, me deshidraté y en la segunda vuelta de la maratón reventé. Tuve que andar. Si andas, estás perdido".

En el triatlón de larga distancia cuentan la genética y, sobre todo, el entrenamiento, pero los factores que influyen en la competición escapan a cualquier tipo de control. Márquez entrena unas 20 horas a la semana repartidas en tres sesiones de cada una de las tres disciplinas. Los fines de semana compite en pruebas de triatlón o específicas de natación o carrera. Evita las grasas pero come de todo para alimentar el horno de calorías que es su cuerpo, y complementa esa dieta con vitaminas, proteínas, aminoácidos y otros suplementos naturales. Se hace reconocimientos médicos cada seis meses porque es consciente de que lleva su organismo "al límite": "sé que cada vez que compito me estoy quitando años de vida", asevera. Hasta aquí, la rutina.

Después están las circunstancias de las 10 o 12 horas que dura un Ironman, cuestiones que no se pueden entrenar. "Siempre digo que el 40% de esto es físico, y el 60% mental. La cabeza tiene que ser de hierro. Si falla, tienes un problema. Cualquier error, problema físico o tensión que acumules en 10 horas te acaba machacando. Hay gente que participa en un Ironman y no vuelve más ni aunque le paguen. Hay compañeros que pierden todas las uñas de los pies o están orinando Fanta una semana... Es una pugna de tu cuerpo con los límites, un sufrimiento extremo, y el reto es ser capaz de superarlo", explica el triatleta, para quien esa "incertidumbre", "el saber que te la juegas en un día y y que no sabes qué va a pasar, es lo que te engancha".

Waltrapa es uno de los fundadores del club portuense Ociosur, que en 2008 tenía seis socios y hoy agrupa a 123 triatletas. Esta semana viaja a Niza con otros deportistas gaditanos y amigos como Miguel Ángel Aguilocho (31 años), que en 2006 no pudo tomar la salida en Niza porque justo el día antes de la prueba se lesionó el brazo tras caer de la bici mientras rodaba, los isleños Ramón García (35), Alejandro Castañeda (34) y Manuel el pediatra, y el jerezano Manuel Jesús Fernández (31), uno de los mejores especialistas de la provincia y que también está en condiciones de lograr la clasificación para Hawaii.

Pedimos a David Márquez saber cuál es su planificación mental para Niza, su estrategia para el domingo: "A ver, antes iba a probar, a terminar, a hacer mejores tiempos. Ahora voy a muerte desde el principio, no hay más remedio. En mi mente, aparto los segmentos. En natación voy bien, rápido, pero hay que tener cuidado con los golpes, los codazos, los agobios. Hay dos mil personas nadando. Si se te pone el corazón a 200 en el agua y no te tranquilizas, estás fuera. Debo tardar 57 o 58 minutos. Después viene la bicicleta, soy un ciclista con fuerza, aunque hay que superar tres puertos de montaña, uno de ellos de 20 kilómetros. En Niza rodé a 35 por hora de media. Si todo va bien deben ser 5 horas y 20 ó 30 minutos".

Waltrapa admite que la carrera es su "peor disciplina" pero confía en la mejora conseguida este año tras perder cinco kilos y reducir su masa muscular. "En la maratón tu cuerpo va al límite pero vienes con la musculatura más acondicionada de la bici. Una maratón en Ironman no es lo mismo que una aislada, si corro a 4:50 minutos el kilómetro está bien. Ahí hay que controlar las sensaciones para no ir más rápido de la cuenta, porque si lo haces, revientas. Serían unas 3 horas y 20 minutos. Los cálculos, condicionados al "si todo sale bien", clavan el crono en 9 horas y 50 minutos nadando, corriendo y pedaleando lo más rápido posible para culminar todo un proyecto de vida.

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