Balonmano

A semifinales desde la defensa

  • España realizó su mejor partido, cimentado en la contención y apoyado en una gran segunda parte de David Barrufet · La selección, que fue bronce en Atlanta y Sidney, jamás ha alcanzado una final olímpica

España alcanzó las semifinales del torneo olímpico de Pekín, donde finalmente se medirá a Islandia, tras derrotar a Corea del Sur en un partido que se resolvió en la segunda mitad desde la portería española. Esta vez fue David Barrufet el que hizo la hombrada.

Ante Corea, los españoles fueron otra cosa en defensa, aunque también tenían enfrente a un rival menos potente y más fácil de sujetar. El partido transcurría igualado hasta que dos exclusiones absurdas dieron aire a Corea.

Que los coreanos no son ninguna potencia se nota tanto en defensa como en ataque. No son jugadores extraordinarios, pero sí son aplicados y combaten siempre. No alcanzan el diez pero son un siete en casi todo. Los de Corea del Sur corren, fintan, esquivan dificultades y nunca se rinden. Su bravura les convierte en una china en el zapato y la china se transfiguró en piedra a medida que avanzaba la primera parte, ya que España no conseguía imponer lejanía alguna en el electrónico. Al contrario, con 8-7 en el minuto 20 hubo un momento en que se atragantó la defensa coreana.

Afortunadamente, los españoles tuvieron la intensidad que faltó otros días y en ataque apareció Rocas, siempre aparece, y un Raúl Entrerríos del que ofensivamente no se tuvieron noticias hasta hoy, en que anotó cuatro goles en la primera parte.

Los empates se sucedían. Corea hacía sus goles sin recurrir siquiera a uno de sus mejores jugadores, el central del Hamburgo Kyungshin Yoon. Sin embargo, el lateral izquierdo Paek fue un martillo para España que no puso más que un gol de por medio en esta fase. Con esa exigua ventaja se llegó al descanso (13-14).

Tampoco en la segunda parte se despegaba nadie. Un gol arriba era la frontera en la que España siempre se detenía. Era como si le faltara el salvoconducto imprescindible para pasar. Todo fue así hasta el minuto 39, cuando los españoles se pusieron 17-19. Ese era el momento clave, el de romper el partido ante el hundimiento defensivo del rival. Y lo fue.

España se puso cuatro arriba de la mano de un gran Albert Rocas. También David Barrufet se agigantó, y de qué manera, en la portería. Los coreanos comenzaron a desinflarse, se atascaron en 17 goles y se despojaron de su habitual perseverancia.

Lo de Pastor se pusieron a defender en serio, Prieto ayudó mucho en esa faceta, y a Corea se le hizo de noche. Ya no fintaban como en la primera parte, ya no defendían igual e incluso recurrieron a la defensa indivkidual. Nada fue igual que en el primer tiempo, así que la victoria española acabó siendo mucho más rotunda de lo previsto.

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