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Las dudas ahogan al Cádiz

  • Dos caras El equipo de Procopio suma un punto en un partido en el que es capaz de lo mejor y lo peor Letal Los goles de la Real Sociedad se producen por culpa de dos errores defensivos

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Dos caras en el intervalo de 15 minutos, lo que dura el descanso. El Cádiz protagonizó ayer el mejor papel de doctor Jekyll y Mr. Hyde. El libro que recoge esta novela es conocido por ser una representación vívida de la psicopatología correspondiente a un desdoblamiento de personalidad. Eso mismo le pasó ayer al equipo amarillo, que fue capaz de sorprender a propios y extraños en la segunda parte cuando en la primera dejó bastante más que desear y se retiró con el malestar de sus aficionados. Los cánticos contra diez de los once jugadores que salieron de inicio -la parroquia salvó a Raúl López- y una sonora pitada pusieron el broche antes de tomar el rumbo de los vestuarios tras los 45 minutos iniciales.

Asumió la Real Sociedad el papel de equipo favorito y lo hizo con un juego creativo en la zona ancha que le permitió acceder al área cadista con suma facilidad. Los movimientos de Delibasic fueron decisivos para que Martí y Díaz de Cerio tuvieran hecho buena parte del trabajo. Ese empuje bien orientado provocó que Cristian forzara la máquina en el primer minuto para salvar un remate de Elustondo con Contreras batido. Mal empezaban las cosas y síntoma preocupante que Delibasic le ganara en un salto a Paz aunque fuera en una jugada esporádica. El esfuerzo del doble pivote amarillo, el formado por Bezares y Fleurquin, apenas encontraba recompensa porque ni Gustavo López, con balón pero con pocas ideas, ni Kosowski, que expuso muy poco, seguían la senda habitual y más lógica de un equipo que necesita sumar los tres puntos.

La aportación ofensiva de los pupilos de Raúl Procopio no estuvo a la altura deseada, menos aún si hay que apuntar como el mayor peligro una volea de Kosowski que se escapó por encima del larguero. Además fue lo único que hizo el polaco.

Todo lo contrario se vivía en el área de Contreras, que ayer más que nunca dio la impresión de estar atado a uno de los postes. La estrategia del peculiar Juanma Lillo fue lo que le faltaba al portero cadista, que mostró dudas por doquier a lo largo de todo el encuentro. En la mejor ejecutada por los realistas, a Delibasic le faltaron pocos centímetros para alcanzar un preciso toque de cabeza de Larrea.

Los males cadistas para defender su portería se acentuaron cuando el primer periodo entró en el tramo final. Las dudas de Contreras contagiaron a Paz y De la Cuesta, que se mostraron incapaces de despejar un balón que se quedó suelto y que Díaz de Cerio mandó a la red tocando con la punta de la bota. Era la chispa que faltaba para que la grada explotara contra su equipo. Inteligente como nunca, cargó contra sus jugadores porque entendió que los entrenadores no siempre tienen la culpa. Ayer fue así y los profesionales en activo se llevaron una buena ración camino del descanso que incluso les vino de perlas a tenor de lo que sucedió en la reanudación.

No hubo bronca de Raúl Procopio en el vestuario local, que era de esperar, porque el técnico dedicó el cuarto de hora a jugarse el todo por el todo decidiendo que se defendiera con tres defensas y que Paz adelantara su posición. Pensado y ejecutado. De entrada, la variación daba pánico viendo la faceta defensiva de los cadistas, pero el resultado no tuvo nada que ver. El equipo salió enchufado y exhibiendo un poderío en cada una de las acciones impropio del mismo conjunto de la primera parte. Enrique y Manu Barreiro asumieron el papel de revulsivos, y en el caso del extremeño sirviéndole en bandeja la duda a Raúl de si él o Kosowski deben salir con el partido iniciado, ya que no cuajan jugando de inicio.

Los siete minutos más satisfactorios de la temporada permitieron empatar, con un giro genial de Dani -ya lleva nueve goles-, tras dejarle Enrique un balón muy apetitoso. Las tablas en el marcador devolvieron a Paz a la zaga, pero el acoso amarillo aumentaba por momentos al tiempo que Lillo desaparecía de su zona para meterse en el banquillo. Era demasiado el chaparrón que le estaba cayendo a su equipo.

Suma y sigue... atacando. La tuvo Cristian en un centro envenenado que Riesgo salvó en dos tiempos; Dani, tras jugada de Natalio, en un lanzamiento que sacó la defensa realista; y Natalio, quien, libre de marca, cabeceó demasiado flojo facilitando la labor del portero. Pero el pequeño media punta acertó en la siguiente colocándole el balón a Riesgo por debajo de las piernas. Y eso que apuró más de la cuenta, aunque mereció la pena. Natalio repitió protagonismo porque todos los ataques cadistas hasta la conclusión fueron suyos en la misma cantidad que mala definición.

No mató el Cádiz el partido ni a la Real y la tortilla de nuevo dio la vuelta. Contreras asumió su peor guión, el de Ferrol, y los centros de la Real , desde su banda derecha con Raúl López vendido, le pasaban por delante sin que mostrara oposición. Uno de ellos acabó siendo el empate. Las dudas ahogaron a Contreras y al Cádiz.

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