Polideportivo l Cádiz

"Sé que mis días están contados"

  • Miguel Arasti Barca, gerente de la empresa concesionaria de la gestión deportiva en la capital, asume que es casi imposible que siga más allá del próximo junio y defiende su labor desde que llegó en 2001

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Miguel Arasti Barca, gerente y copropietario de la empresa con sede principal en Burgos que desde hace casi ocho años mantiene la concesión del servicio de deportes en Cádiz, reconoce que su continuidad en la capital parece tener fecha de caducidad, circunstancia que atribuye al deterioro de relaciones, especialmente con el Ayuntamiento, y defiende su gestión desde que llegó en 2001 con datos y cifras que, en su opinión, hacen del todo imposible la municipalización del servicio.

"Cuando accedimos al pliego de condiciones en 2001 asumimos la subrogación de 45 trabajadores, aunque no había contratos indefinidos sino por obra y servicio, la mayoría cobraba sueldos míseros, de 500 y 600 euros, faltaban coordinadores, había demasiados contratos de algunas horas...", resume a modo de introducción antes de pasar a describir la situación a día de hoy.

"En estos momentos contamos con una plantilla de unas 120 personas", apunta, desglosando por empresa -"porque en realidad somos cuatro empresas", matiza-: 59 en Arasti Barca Sociedad Limitada, entre 40 y 50 en Arasti Barca Sociedad Civil (playas), 13 en la UTE I (gestión de instalaciones de barrio) y 9 en la UTE II (gestión de Puntales La Paz y campos de fútbol del Complejo y el Irigoyen). Cerca del triple de trabajadores y "más del doble de subida salarial". Además, con un convenio colectivo para una de las empresas, Arasti Barca S.L., que antes no existía. "Sinceramente, creo que las cosas han mejorado".

Un aumento de plantilla y mejora obvio que obedece también a una ampliación de necesidades y servicios que se ofertaban desde la Fundación del Deporte, ahora Instituto del Deporte. "El spining, por ejemplo, lo implantamos, pese a que no había monitores, con nuestras bicicletas, propiedad de la empresa como lo son las máquinas de presoterapia o el material de playa", explica sin ocultar cierto malestar porque se diga que sólo utiliza medios municipales. "Además de las oficinas alquiladas en el Ciudad de Cádiz, tenemos una sede en la Avenida de la Bahía y pagamos nuestros impuestos, como el del vehículo de la empresa, en Cádiz", recuerda.

"Y todo ello -lamenta- con un beneficio industrial inferior al que debería ser". Atendiendo a sus cifras, efectivamente Arasti Barca ganó en el último ejercicio un 8% del volumen de negocio, que incluyendo el IVA fue de 1.300.000 euros en la partida de servicios técnicos; 286.000 en UTE I; 211.000 en la UTE II, y 575.000 en playas. Este último servicio, cubierto sólo en 2007 y 2008, le supuso pérdidas el primer año y un beneficio del 3% el segundo, "pero nos vale de mucho para el curriculum; las playas de Cádiz no son cualquier cosa, y además hemos cumplido con creces: un ahogado en dos años".

La generosidad empresarial, sin embargo, le supuso en 2007 quedarse sin el deporte escolar (natación y atletismo). "Lo perdí por precio, porque con el convenio colectivo en la mano no podía aceptar el servicio por el dinero que ofertaban", argumenta sin arrepentirse de haber apostado por el trabajador. "En ocho años sólo he despedido a dos personas indefinidas, una por meter la mano en la caja y otra por insultos, aunque perdí el juicio", confiesa.

Juicio. Una palabra maldita para Miguel Arasti. "El 90% de los que tengo son en Cádiz, porque se denuncia por nada", señala, y aunque casi todos los ha ganado, hay uno que marca un antes y un después: "en 2007 denuncié a Manuel Bienvenido -secretario general de Autonomía Obrera- por insultos y el juez, curiosamente de Burgos, sentenció a su favor porque entendió que sus palabras eran propias del lenguaje sindical. Para mí es inexplicable, pero desde entonces todo ha sido distinto; antes incluso me apetecía venir de vacaciones, a veranear, pero mis relaciones en Cádiz, especialmente con el Ayuntamiento, se han deteriorado y soy consciente de que, como en la película, mis días están contados".

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