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Del abismo del infierno a la gloria (3-1)

  • El San Fernando realiza una mala primera mitad y el rival se adelanta

  • Un revolucionario Buba y un gran Pedro Ríos gestan la remontada

Theo lucha por la posesión del cuero con un jugador del Lorca Deportiva. Theo lucha por la posesión del cuero con un jugador del Lorca Deportiva.

Theo lucha por la posesión del cuero con un jugador del Lorca Deportiva. / román ríos

El San Fernando estuvo al borde del infierno e incluso en algunos momentos dentro del mismo, pero terminó resucitando y camino de la gloria. El Domingo de Resurrección pudo ser un purgatorio para un San Fernando que se está acostumbrando, en demasía, aa hacer sufrir a sus seguidores hasta el punto de que cada encuentro que disputa tiene tintes de pasión, muerte y resurrección.

Y ayer no iba a ser menos. Los isleños estuvieron contra las cuerdas, noqueados e irremediablemente cayendo al abismo de la preocupación, a los puestos complicados de la clasificación. Pero en un nuevo alarde de orgullo, de amor propio y de pundonor los de José Pérez Herrera le dieron la vuelta a la tortilla de una manera espectacular y, tras una primera parte mala, soporífera, aburrida y anodina, la transformación en la segunda mitad fue determinante para salvar otra vida... y ya son muchas.

Tres nuevos puntos significan tres pasos de gigante en pos de la salvación. Ayer era una nueva final y ayer se salió, de nuevo, airoso de ella.

Y eso que los principios fueron malos. Si los azulinos se empeñaban en jugar en el campo del Lorca Deportiva, este aprovechó su primera oportunidad para dejar mudo el Iberoamericano de Bahía Sur. El choque no había hecho más que comenzar.

Y reaccionaron apretando los dientes los isleños. Pero no había forma de hincarle ninguno a un rival ordenado, lejos de lo que dicta la clasificación y dando muestras de poco, o ningún, nerviosismo ante los incontrolados ataques de un equipo isleño que no ofreció mucho, ni nada bueno, en la primera mitad.

Aun así la tuvo Pau Franch en el 23 con un remate de cabeza a centro de Gabi Ramos que besó el travesaño y también la tuvo Juanje en el 40 con un centro que rebotó en el pie de un contrario para envenenarse y estrellarse en un poste. Fue lo único destacable en la primera mitad.

Pero en la segunda cambiaron las tornas. Se dejaron los pelotazos para abrir por las bandas. Se abandonaron las prisas para actuar con cautela. Y se cambió el juego directo por la tenencia del esférico, para ser dueños y señores de la situación.

Y así llegaron las oportunidades, y los goles. Pedro Ríos (todo un ejemplo de pundonor en un veterano curtido en mil batallas) tiró del carro para igualar la contienda. Y cuando no habían tenido tiempo para reaccionar los murcianos, el de Jerez volvió a poner el Don delante de su nombre al anotar un espectacular segundo tanto.

Buba aportó su granito de arena en la reacción y aprovechó el trabajo que Pau Franch había realizado anteriormente para tener los espacios suficientes para montar contras ante la desesperación visitante.

En una de ellas llegó la sentencia del choque, el golpe en la mesa, el paso de gigante. Los isleños amarraban tres importantes puntos, se los restaban a un rival directo todavía, aunque al parecer por poco tiempo, y hacía grande una remontada espectacular, de esas que hacen afición, de esas que hacen que uno ame este bendito deporte en cada uno de los partidos que presencia.

Es bien cierto que se pudo aumentar esa ventaja, y golear, y poner un marcador más amplio, pero no hubiese sido justo que el Lorca Deportiva se hubiese llevado una goleada del estadio isleño, sobre todo porque había ofrecido, y mucho, en la primera mitad.

Otro paso adelante, una vuelta a la vida en Domingo de Resurrección tras una semana de pasión. Una victoria que acerca un poco más a los de José Pérez Herrera al objetivo, que no es otro que encontrar, lo antes posible, el camino de la salvación.

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