Oro tras la Gran Muralla

  • El asturiano Samuel Sánchez, campeón olímpico en ruta · Plata para el italiano Rebellin y bronce para el suizo Cancellara

La primera medalla española no se hizo esperar y llegó el primer día y en un marco idóneo, la Gran Muralla. El asturiano Samuel Sánchez logró el mayor éxito de su carrera al colgarse el oro olímpico en la prueba en ruta de ciclismo. Es también el primer campeón olímpico español en ruta. La plata fue para el italiano Davide Rebellin, que no pudo redondear el día de su 37 cumpleaños con un triunfo, y el bronce para el sorprendente suizo Fabian Cancellara, que apareció de la nada para disputar el oro justo en el último kilómetro.

El corredor del Euskaltel, séptimo en el Tour, era el menos renombrado del potente equipo español, pero acabó uniendo su nombre al de Miguel Induráin y Abraham Olano, que en Atlanta 1996 lograron los dos únicos metales españoles en ruta: oro y plata en contrarreloj, respectivamente.

Al final, ni Alejandro Valverde ni Paolo Bettini: los protagonistas fueron los que estaban llamados a ser subalternos. Rebellin, un clasicómano puro, ganador de las tres pruebas de las Ardenas en 2004, fue quien subió a Italia al podio, aunque un peldaño por debajo que lo que logró Bettini, oro en 2004.

Como si de un grupo turístico se tratara, el pelotón recorrió unido los primeros 78 kilómetros de carrera, los que llevaban desde la salida en la ciudad, en Yongdingmen, hasta el exigente circuito preparado por la organización bajo la difuminada silueta de la Gran Muralla China, con rampas de hasta el diez por ciento de desnivel.

Pronto llegó el pelotón al paso de Juyongguan, donde las torres de la Gran Muralla esperaban escondidas bajo la bruma, atrapadas en un sofocante 90 por ciento de humedad.

El paso por meta marcaba el inicio de las siete vueltas a un circuito de 23,8 kilómetros, siete giros que completarían los 245,4 del recorrido y en cuyas rampas, la última de 1.500 metros justo antes de la llegada, se jugarían realmente las opciones de medalla. Por primera vez en los Juegos, salida y meta estaban en lugares distintos.

La carrera se planteaba como una batalla entre los españoles y la Italia de Bettini, siempre con el permiso de Alemania, que no apareció, y de los hermanos luxemburgueses Andy y Frank Schleck.

Valverde, que había derrotado a Bettini justo antes de viajar a Pekín en la Clásica de San Sebastián, y Óscar Freire eran los cabezas de cartel de un quinteto que asombraba por su potencia, con Alberto Contador, ganador del Giro de Italia, y Samu Sánchez, séptimo en el Tour, como gregarios de lujo. El ciclismo, sin embargo, vive bajo sospecha, y a sus estrellas, por tanto, se las mira con recelo. Cuatro de los componentes españoles fueron sometidos a tres controles antidopaje desde que aterrizaron el lunes en Pekín. El quinto, Contador, se libró de uno por llegar un par de días más tarde.

"No queremos quejarnos", dijo el director técnico del equipo, Mikel Zabala. "Pero esto les puede influir en el rendimiento". Horarios alterados, madrugones, extracciones de sangre: todo lo aceptaron "con una sonrisa", aseguró el técnico. "Están acostumbrados".

No en vano, la Unión Ciclista Internacional los tiene en la mira. El presidente del organismo, Pat McQuaid, insiste en que España no hace lo suficiente en la lucha contra el dopaje, y se queja de que la Operación Puerto, que destapó una red de dopaje, no haya terminado con más sancionados.

España, sin embargo, responde con éxitos. Los dos últimos campeones del Tour, Sastre y Contador, se pusieron al frente del grupo poco antes de llegar al kilómetro 200. Sánchez, justo detrás y Valverde, en cuarta posición. España enviaba un mensaje. Freire había abandonado poco antes. El ganador del maillot verde del Tour tuvo problemas estomacales justo después de la ronda gala y en la primera subida al intermedio paso de Badaling ya vio que no iba.

Los italianos no permitieron mucho tiempo de dominio español. Es difícil controlar una carrera con cinco hombres, habían advertido los españoles, y aún lo es más con tres, después de que Contador dijera basta y se dejara ir.

La carrera se paró y el momento lo aprovechó el austriaco Christian Pfannberger, que lanzó el primer asalto serio cuando aún faltaba algo más de una vuelta. En la última subida a Badaling, sin embargo, Rebellin y Samuel Sánchez se le echaron encima. Era el corte bueno. Y era el día de Samu.

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